para ser feliz, pues la riqueza y la felicidad no están directamente
relacionadas. Por supuesto que es deseable el progreso, pero un
progreso que considere el sentido común y la equidad como sus
valores fundamentales. En la actualidad la gente se queja de la ba-
ja catadura moral de sus políticos, pero es importante subrayar
que esa baja catadura moral no es más que el reflejo del nivel mo-
ral de quienes representan, por ello, es fundamental hacer un
examen de conciencia antes de poder juzgar, pues una sociedad
inmoral solo da lugar a una clase política degenerada. Es cierto
que los políticos intentan manipular la opinión pública con menti-
ras, pero también es cierto que si los ciudadanos tuvieran unos só-
lidos principios éticos y morales eso no sería posible.
Si planteamos esta cuestión desde un punto metafísico, se podría
decir que la riqueza y la pobreza representan en realidad los valo-
res masculinos y femeninos del universo. La riqueza puede repre-
sentar la abundancia, pero también el estrés. La pobreza puede
representar la carencia, pero también la tranquilidad. Por ello, no
debemos juzgar las cosas con facilidad, porque ambos aspectos de
la vida, pueden ser igual de necesarios, en su justa medida.
Saber administrar los recursos es todo un arte, por ello, es necesa-
rio esforzarse en sacar lo máximo de lo mínimo y así convertir la
pobreza en riqueza, porque no es más feliz quien más dinero tiene
sino quien mejor lo administra, además, de ese modo se evitan los
gastos innecesarios.
Es una lástima que en los colegios no se enseñe la importancia de
saber administrar lo que se tiene, por culpa de eso muchos jóve-
nes llegan hasta los cuarenta años viviendo en casa de sus padres
porque son incapaces de ahorrar para comprarse su propia casa.
Esos jóvenes son unos déspotas que solo piensan en el presente y
pretenden que sus padres los mantengan a cambio de nada. Pero
eso, también es un castigo merecido para los padres que no se
preocuparon en su momento de enseñar civismo a sus hijos ni
tampoco a responsabilizarse de sus propios actos. Es necesario
comprender que quien ahorra hoy podrá beneficiarse de sus aho-
rros mañana, por eso, merece la pena aprender a administrar lo
que tenemos.
85