circuitos se le ponga o cuantos se parezca en su aspecto exterior,
porque un robot solo podría ser como una persona si se le prepara
para albergar un espíritu, esto es lo que en forma biológica se lla-
ma reencarnación. Porque es el espíritu el que nos da la capacidad
de sentir o improvisar propia de los seres vivos. La materia que
forma un robot podrá reaccionar o sentir, pero solo como conse-
cuencia de la vida presente en los elementos químicos o físicos de
esa máquina, pero no podrá tener conciencia de sí mismo, como
ser individual, porque carece de la diferenciación que implica te-
ner un espíritu en su interior, como sucede con los animales o el
hombre. Entonces, alguien se podría preguntar, si sería posible
utilizar la forma de un robot para albergar a un espíritu. Tal hipó-
tesis me parece absurda, aunque no imposible, porque no tiene
sentido tratar de hacer un ser humano de forma artificial, cuando
la naturaleza ya nos ha dado un cuerpo perfecto, que es el resulta-
do de millones de años de evolución. Hay quien dice que un robot
podría ser mejor que el hombre en ciertos aspectos, pero no de-
bemos olvidar que la especialización en un aspecto implica la
pérdida de especialización en otro, y el ser humano es la mejor
versión posible de lo que nuestro espíritu necesita, que es ser su
instrumento para la presencia en el mundo material y no para co-
sas ocasionales, porque para eso ya se tienen las máquinas o ro-
bots dirigidos a distancia. Nuestro cuerpo se creó para permitir la
presencia del espíritu en el mundo material y conseguir con ello la
máxima felicidad, por ello, debe ser un instrumento capaz de
adaptarse a todo en su justa medida. Nuestro cuerpo debe ser lo
que es, con sus propias limitaciones, porque para el resto de cues-
tiones ya se tiene la tecnología.
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