MIS HISTORIAS MARRUECAS LIBRO de HISTORIAS MARRUECAS | Page 137

pasar al cuerpo de Intervenciones Militares. Creo que yo era el mejor soldado de su Compañía de Transmisiones, porque no quería que yo me marchara. Este trío lo pasamos de miedo en aquel “chiringuito de la playa”, que daba gloria estar allí. En el que nos comimos bastantes piezas enteras de mojama de bonito curado al sol, que estaba mejor que el jamón de Jabugo. Mi querida hermana Isabel, cuando tardábamos, por miedo a nuestras largas escapadas, junto con Loli la esposa de Víctor, iban al chiringuito a vernos y…. para recordar que la comida ya estaba en la mesa. Voy a contar otra anécdota: No teníamos aún descendencia y nos dijeron que a la entrada del Castillo del Raisuni en la parte de las murallas de Arcila, había un viejo cañón, que las moras se subían a horcajadas sobre él para quedar preñadas. Nos dio risa a Otilia y a mí. Pero… Se subió y… Al poco tiempo… ¡quedó embarazada! Prosigo con mis historias. Coincidió con el final del veraneo, al día siguiente poníamos rumbo para Alcazarquivir. Lógicamente con los bártulos propios del cambio de domicilio. La mora… la doméstica de Isabel, era una joven más bien gordita. Unos…80 kilos. Estaba recogiendo todos los “cachivaches”. En la nevera se quedaba una botella con leche, la mora para no dejarla allí, se la bebió toda. Montamos todos en el Volkswagen- cucaracha-. La familia con la doméstica rumbo a Larache. Atravesábamos la ciudad, se mareó la mora y devolvió la leche y las “estopillas” … ¿Dónde? En la espalda del conductor, encima de Pepe Espinosa, - ¿Saben Uds. el chorro 137