MIS HISTORIAS MARRUECAS LIBRO de HISTORIAS MARRUECAS | Página 138

que salió por aquella boca de la robusta musulmana?... -¡No se lo pueden imaginar! Pepe se puso “algo enfadadillo”. Decía después de limpiarse y de quitarse un poco aquel olorcito agrio, que desprendía… ¡No quería ni subirse al coche! Por fin mi hermana Isabel, con aquella bondad que le caracterizaba pudo tranquilizar a Pepe, poniendo de nuevo rumbo a la ciudad de Alcazarquivir. Los recuerdos que tengo de estas vacaciones en Marruecos, aparte de los buenos ratos pasados con la pareja Pepe y Víctor, contando sus andanzas que eran de película. Recuerdo a mis sobrinitos, con una edad preciosa, sobre todo José Eduardo que tendría poco más de año y medio, con la eterna “chupa” y el trozo de manta moruna, eran sus imprescindibles objetos para poder coger el mejor de los sueños. Para poder terminar voy a hacer memoria de las innumerables veces que vino Víctor a Cabra, para pasar unos días con su amigo. Cuando la familia de Pepe e Isabel tenían la Droguería-Perfumería, con otro amigo de Cabra…otro “ejemplar”, vecino de Pepe, llamado Fernando Corpas… Dueño de una tienda de Tejidos frente a la Droguería. Esto era para ver las ocurrencias y trastadas que se hacían, uno al otro. Eran de campeonato. Muchas veces nos amanecía en casino “Círculo de la Amistad”, con un paisano mío llamado Pepe Muñoz, industrial, muy importante establecido en Torremolinos. En Cabra se le apodaba como Pepe “Bacalao”. Pepe y Víctor lo bautizaron con nuevo como “El Baqui”. Aquella noche la “cogimos de órdago a la grande”. 138