“…Quería levantar la casita, donde había árboles y en verano se ponía lindo, no lo dejaban, lo
corría la policía”… (vecina del Bajo Flores que hoy vive en el Barrio Luján)
…Censaron primero. Censaban casa por casa comunicándoles que tenían que erradicar la villa por
orden del intendente Cacciatore. Que les iban a dar un subsidio a la gente que pudiera irse, irse de
ese lugar. No sé. Por lo menos nosotros ayuda de ellos no recibimos”.
-Erradicación encubierta, política de la “democracia”
La realidad de las villas incluye la historia que van construyendo quienes la pueblan. Primero es la
llegada de los grupos que comparten historias, identidades y culturas afines. Luego, los problemas
comunes: laborales- barriales- educativos de todos los días y la construcción de nuevos lazos. De a
poco el surgimiento de clubes de madres, las Juntas vecinales que buscan mejorar las condiciones de
vida, las entidades de recreación y deportivas. Con el tiempo, formas de organización cada vez más
abarcadoras y colectivas que comienzan a conformarse como contraparte frente al interlocutor y muy
a menudo un enemigo.
Los gobiernos militares se caracterizaron por no disimular sus intenciones de hacer desaparecer a los
habitantes de la villa 1-11-14 de la CABA, a través de políticas erradicatorias. En cambio los
gobiernos “democráticos” se caracterizaron por accionar de manera disimulada, pues, detrás las
políticas de urbanización, traían consigo una erradicación encubierta.
En el año 1991 se aprobó la ordenanza 44.873/91 que reglamentaba la apertura de calles en los
terrenos ocupados por la villa y la forma de manzanas con su correspondiente loteo. Ante esta
legislación que no fue siquiera consultada (ni hablar de decisión) con los vecinos, éstos junto a
diferentes organizaciones sociales, centros de salud, la escuela secundaria del barrio y la parroquia
comenzaron a reclamar información sobre el proyecto de urbanización que estaban programando sin
tener en cuenta su voz.
Para entonces ya existía la ley 148 que establecía que para urbanizar la villa había que sentarse a
dialogar los cambios con los representantes de esa población. Pero esta ley encubría la trampa, pues
los “representantes” que ésta reconocía eran los “realmente existentes”: punteros, presidentes de
comisiones directivas, muchas
veces inexistentes, capangas
fácilmente vendibles al mejor
postor. La 1-11-14 tuvo el suyo:
José Boffa, que de tan bien que
le fue en el “negocio de
representante” se mudó a un
coqueto barrio de Castelar.
Cuando hablamos de Boffa
hablamos de extorsión, robo,
amenazas, traición. No había
actividad que no le representara
una ganancia a sus bolsillos. Si
los vecinos conseguían que se
pusieran postes de luz, él