MIRADAS DEL SUR - BAJO FLORES | Page 11

cobraba 100$ por cada uno. Si alguien quería tener teléfono, otros 100$, claro que después el teléfono nunca aparecía. Si alguien con mucho esfuerzo construía una casa confortable, él a punta de pistola echaba a toda la familia y se convertía rápidamente en propietario de dicho inmueble. Un buen día se acabó el mandato de Boffa, pero a punta de pistola decidió que su “gestión” merecía otro período. Y lo tuvo… aunque ya no le iba ser tan fácil como en un principio. El presidente de la comisión directiva era reconocido por la Comisión Municipal de la Vivienda como único interlocutor, y ese reconocimiento era la legitimidad de su mandato. Mientras, la CMV seguía adelante con “su proyecto de urbanización”, alzando monoblocks en lo que es hoy el barrio Illia II, que en teoría servirían para alojar a quienes debían ser desplazados de sus casas por la apertura de las calles. El problema era que para mudarse a esas construcciones había que acreditar sueldos de más de 500$ y tener familias pequeñas que pudieran acomodarse en el reducido espacio de un ambiente. Organizarse desde abajo La angustia de los pobladores ante esas calles que se abrirían paso derribando casas y dejando gente a la intemperie, y la insistencia del Padre Ernesto de la Parroquia Madre de Dios, crearon en los vecinos la necesidad de organizarse de otra manera, distinta a la “oficial”. Fue entonces – allá por el año 1997 – que algunos habitantes de la villa descubrieron que había llegado el momento construir una organización barrial, y para ello se convocó a asambleas por manzana y se eligieron delegados en cada una. De toda la actividad barrial surgió la necesidad de realizar la primera marcha, con el propósito de que el gobierno explique a los habitantes de la villa, si era cierto que se agrandarían las calles, y se construirían monoblocks en los terrenos donde ya existen casas. Pero nadie brindó una respuesta, salvo la CMV… que contestó que la villa se encontraba acéfala, pues desconocía a los delegados electos, y que no estando Boffa no podía discutir con un grupo que no era la comisión directiva con la que venía hablando desde 1991. Los rumores de erradicación comenzaron a invadir la Villa del Bajo Flores, situación que se acentuó cuando en el año 1999 la CMV comenzó sorpresivamente un censo sin explicar los motivos. Además el GCBA sin dar explicación alguna comenzó a construir los famosos departamentos en donde antes había una canchita de fútbol. La situación fue demasiado para los vecinos, que incrementaron el plan de lucha buscando apoyo en organismos de DDHH para que se les reconociera su forma de organización y se dictara la ley 403.