MIRADAS DEL SUR - BAJO FLORES | Page 9

Cuenta Sánchez que “…Cuando vi llegar a la gente por los pasillos, con sus cacerolas, sus silbatos, hasta con bombos, con las ganas de pelearla hasta el final, me produjo una gran emoción. Me hizo acordara cuando era pibe, en el 73, que veíamos como todos trabajaban juntos en el tendido de cables, en las veredas, en mejorar los pasillos”. Entre 1976 y 1983 la población de las villas sufrió una reducción abrupta de su población, que pasó de alrededor de 214.000 personas a 12.600. El hecho más claro de la erradicación militar fue la derogación de las cesiones de tierras, que había brindado el gobierno democrático de 1975, y que había encargado al Banco Hipotecario su venta a los ocupantes, debiendo abonar éstos un máximo del 20% de sus salarios. Esta derogación de la dictadura militar estaba motivada en la necesidad de construir una Central de Cargas. Uno de los principales responsables de la erradicación de habitantes de las villas fue sin duda Osvaldo Cacciatore, quien proyectaba obras absurdamente imponentes para ocultar lo que los militares no querían que se viera. Sino analicemos el primer comunicado que brindó al consulado boliviano: “En el curso de las próximas semanas, alrededor de 4000 familias bolivianas deberán abandonar sus precarias viviendas en esta capital”. El método Cacciatore consistía en pasar autopistas por encima de las personas, con palos y amenazas echando a la gente de sus casas y expulsándolas hacia la provincia. Un método similar al accionar del genocida Bussi, que llenaba camiones de pobres para depositarlos en Salta. La demolición de las viviendas era el último paso para la liberación del terreno. La mayor parte de los erradicados fueron a parar a La Matanza (21%); en lomas de Zamora recaló el 9,6%; en Merlo el 8%; y el resto se distribuyó en otras localidades como: Moreno, Quilmas, Gral. Sarmiento y Florencio Varela. La etapa correspondiente a “Ordenamiento Social y Edilicio” era el resultado del proceso de erradicación. Fue así como se erradicó al 87% de la población villera. Paralelamente se pensó y proyectó la ciudad central para los sectores dominantes. La construcción de las autopistas es un ejemplo de ello. Este disciplinamiento se complementó con la necesidad para el nuevo sector dominante de “borrar” del imaginario colectivo la conciencia de los otros sectores sociales, de sus derechos, entre ellos el del acceso a la vivienda digna y al suelo urbano. En la campaña publicitaria de 1977, el acento se centró en construir una imagen negativa de los villeros como por ejemplo: “les gusta vivir allí”, “son extranjeros de países limítrofes con otra cultura”, “tienen medios suficientes para salir de su condición”, “son oportunistas” porque “no pagan impuestos” y son “una clientela política fácil”, entre tantas otras infamias. Don Osvaldo se precia de solucionador de conflictos y así lo explica: “No tengo prejuicios racistas, pero a los indigentes había que darles una solución. Nosotros los bañábamos y se los devolvía a su lugar de origen. El espectáculo de los chicos pidiendo en la calle es lamentable y Buenos Aires es la vidriera de la Argentina”. Relata Ramón Cortés que: “Cuando estaba la dictadura sacaron a los vecinos, que no eran propietarios, las casa eran derrumbadas por topadoras, parecía un lugar bombardeado”. … Un año después de su primera incursión en el Bajo Flores, Don Pablo regresó nuevamente pero esta vez acompañado de su familia, mujer y cuatro hijos. No fue fácil, habían alrededor de 30 o 40 casitas y algunas limitaciones: “Por un lado, la policía que no dejaba asentarse, expulsaba a la gente nueva que comenzaba a instalarse, porque las políticas erradicatorias existieron desde siempre, desde los primeros tiempos con distintas modalidades”…