Mictlantecuhtli número cero RevistaAntropologica2 | Page 36

de soledad y sensibilidad masculina, pero había una extraña clase, la cual era la que más me gustaba, que desde el principio se pude ser sincero y claro respecto de la intención final de conocerlas y Ella era de esas. Desde que vi sus fotos de perfil sentí la imperiosa necesidad de enviarle solicitud de amistad y que eso solo fuese el preludio de algo más que eso. Tardo varios días en aceptarme durante los cuales me pasaba varios minutos al día revisando las actualizaciones de su muro pero principalmente viendo sus fotos, era bonita pero su belleza no era algo extraordinario, era voluptuosa pero no estaba exenta de unos gramos extras en el abdomen, sin embargo tenía algo que me atraía de sobre manera a lo mejor su cara inocente pero de mirada perversa o viceversa dependiendo de la foto, cuando por fin me acepto tuve que luchar conmigo mismo para no escribirle en ese mismo instante, pues va contra los principios de conquista en redes sociales, si escribía demasiado rápido corría el riesgo de ocasionarle desconfianza y la primera charla debía ser en tono casual como quien se encuentra en la fila del ban- co a un conocido lejano y sin más remedio le hace platica por pura educación. Un par días después por fin le hable, un inbox con un simple “hola” al cual ella respondió casi de inmediato. El asunto, de ahora en adelante requería de toda mi atención pues de no captarla en los primeros 10 minutos lo más probable era el fracaso. Las cosas fluyeron bien y en menos de una semana ya platicábamos todo el día, me mandaba fotos de lo que hacía en el día y principalmente de cómo se veía por las noches, todo apuntaba a una rotunda conquista cibernética con la posibilidad de una amiga de noches frías. Desde el comienzo nuestras platicas tuvieron un tono bastante caliente, ella parecía ser una mujer que gusta del sexo sin el menor de los convencionalismos sociales y yo, yo solo pensaba en cómo se vería su cuerpo desnudo y en vivo. Sin que fuese necesario pedírselo ella sugirió un encuentro en persona, me quería conocer y quería que consumáramos todas esas cosas que ya nos habíamos hecho con palabras, no hizo falta el preludio del café o del cine; veámonos en un motel, dijo, a lo cual yo accedí sin la menor sombra de duda le pedí que fuese sábado por la tarde, pues el día que tengo libre y que puedo dormir bien, era preciso que reuniera todas mis fuerzas y concentración pues no quería quedar mal en ningún sentido, ese encuentro era algo importante para mí y mis aspiraciones sexuales. El sábado desperté alrededor de las 12, bien descansado y tranquilo, prendí la tele para ver el partido del Real Madrid, aún tenía muy buen tiempo. En cuanto a término el partido, me di un baño, me rasure, me perfume y me puse una de mis camisas favoritas, casi 2:30 vi a mis amigos para comer algo y comentar los hechos de la noche anterior, comí algo ligero para no estar pesado por la tarde, no quería que nada saliera mal. La cita era 4:30 en El Cielo, que mejor nombre para un motel que ese, o al menos así lo pensaba, dejé a mis amigos en la sobremesa, iba ligeramente tarde, como siempre. Llegue en taxi como de costumbre, pedí habitación con jacuzzi, se me hizo mejor idea que con tubo o hamaca pues apenas descubriría cuales eran los límites de ella, le mande un mensaje con el número de habitación en la que me encontraba y me acosté a esperar pensando en la manera en que las co- sas pasarían hoy, debo admitir que, aún con toda mi experiencia, me sentía nervioso. A los 15 minutos tocaron la puerta, brinque como resorte de la cama y me dirigí a la puerta no sin darme una revisadita en el espejo para comprobar que todo estuviera en su lugar, pero principalmente para cerciorarme que no se notara la erección que desde hace un buen rato tenía. Ahí estaba ella en zapatillas, mini vestido, que dejaba admirar sus bonitas piernas y escote que resal- taba sus pechos, los cuales no eran tan voluminosos pero muy bonitos, cabello recogido y un tenue