Mictlantecuhtli número cero RevistaAntropologica2 | Seite 31
notó, sino que le habló a “ruidoso”.
-¿Tarde?, Ya volví amigo… ¿Amigo?, ¡Ruidoso!, ¿Dónde estás?
Así es, el “ruidoso” ya no estaba donde solía. “Güero” no sabía que hacer,
es más, era tanta su sorpresa que no sabía cómo reaccionar a esa situación
por la cual pasaba.
Volteó a ver a sus amigos y tampoco estaban.
-¡Chispas!, Ahora también se fueron ellos.
Era tanta su impresión que se quedó sin palabra alguna por un
-Tendré que ir solo a buscarlo, espero no vaya lejos…
Se encaminó, sin mirar el rumbo exactamente, pero tenía su objetivo, que
era encontrar al “ruidoso”. Camino como por 7 calles y el “ruidoso” ni sus
luces. Se comenzó a preocupar y a poner triste pues era la primera vez que
su perro se perdía y sí, obviamente era de bastante preocupación para
“Güero” pues según el, literalmente era su único amigo.
Pues le cayó la noche y no lo encontró, regreso bastante triste al lugar de
siempre, él pensó que quizá ahí estaría el “ruidoso” esperándolo. Corrió
desde donde estaba quizá unas 15 calles hacia abajo y llegó al árbol pero
no, el “ruidoso” no estaba en ese momento pensó lo peor:
-¿Y si jamás lo vuelvo a ver?, ¿si se fue para siempre?
Las lágrimas brotaron por sus mejillas, se tiró debajo del árbol a llorar a
esas altas horas de la noche, el vecindario ya estaba totalmente sólo, nadie
transitaba por ahí pues solo la luna, el alumbrado público y uno que otro
búho estaba por ahí, pero el “ruidoso” no.
Lloró, y lloró, el “Güero” pasaba por un momento demasiado triste,
pensaba que jamás vería a su único y mejor amigo de nuevo en la vida.