Ismael Sierra Estrada
Yo estuve como una hora larguito ahí. Una hora y media por lo menos. Cuando me paré le dije al vecino que yo tenía otra cosa que hacer. Y me fui de la mesa.
Y me fui.
Me sentía como entonado, de cerveza. Preferí irme a dormir en la residencia donde yo había pagado.
Ese día no llegué a la casa. Sino pagando una pieza, para no molestar a mi familia.
En cambio mi hermano se quedó ahí en la mesa, con un trabajador que era de confianza de nosotros. Que estuvo trabajando en muzo. Que conoció a Gilberto Molina, y que era cocinero de él en la mina de muzo.
Con él quedó mi hermano, en medio de esas personas.
Según lo que me contaron. El muchacho, a media hora que yo me fui, empezaron a discutir sobre lo que había pasado allá arriba en Caño Giriza.
Cuando las cosas iban calentando, este compañero le dijo a mi hermano:“ Vámonos para la casa mejor.”
Y así se pararon se fueron yendo. Cuando de pronto escuchó unos tiros, desde la mesa donde estuvimos tomando. Cuando él volvió a mirar, le estaban disparando era a ellos.
Y así fue que balearon a mi hermano. El muchacho lo defendió como pudo. Porque era uno de los mejores pájaros que había en esa época. A ese le apodaban Egidio.
Había otra familia, los diablos. Otra, Paso Lento. Eso había cantidad de pájaros que llegaba a sueldo a corregimiento de Miraflores en la época de la hoja de coca.
Al otro día muy a las cinco de la mañana me llegaron a despertar.
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