Ismael Sierra Estrada Y El capitán le dice:“ Pachito, ese niño suyo ya preña.”
Y todo lo que estaba alrededor de ese avión se pusieron a reír a carcajadas.
Después de noticia de la quema de la chagra de coca de Juan de Dios Lotero. Quedó en silencio como unos cuatro o cinco años. Pero bajo cuerda, algunos ya estaban sembrando coca.
Un día, apareció pidiendo trabajo a mi padre como empleado, un señor llamado José Vidal. Era un paisa. Trabajó como un año de empleado con mi papá.
Ya era de edad. Hombre maduro. Y se dio cuenta que en diferentes barracones de caucho donde trabajaba mi padre, había hileras sembradas de palos de coca, en todos los barracones.
Ese señor vio todo esto, empezó a ofrecer una hija de él, que vivía en Bogotá a mi hermano Celino, que en esa época era un joven. Y le invitó hasta Bogotá, para presentarlo a él y a mi papá.
Como era trabajador de mi padre, viajaron hasta Bogotá con mi papá y mi hermano y el paisa hasta la casa de él. Este viaje duraron como quince días, y ahí le presentó a su hija. Se hicieron amigos, entre ella y mi hermano.
Este amorío, duró como dos años. Hasta que un día mi hermano, dijo que no podía estar en Bogotá. Y ella tampoco quería estar en la Selva.
Entonces mi padre tomo decisión de esta amistad que rompieron. En ese año, él habló con mi papá, y dijo a mi padre que le dejara salir con él para Bogotá a mí. Y así, yo conocí Bogotá por segunda vez.
Y este viaje que realizamos él fue a buscar más que todo a un patrocinador para trabajar la hoja de coca que existía dentro de los barracones de mi padre.
Y lo malo fue que a mi padre nunca lo comentó él. Cuando llegamos a Bogotá, yo conocí a su familia. Como todos los paisas, tenían muchos hijos.
64