Microhistoria de Miraflores Guaviare
Por lo tanto el Payé no hizo sino agachar la cabeza. Porque le daba tristeza lo que iba a suceder. La desaparición de esa maloca que estaba prevista ya.
Como siempre en esa época, todo lo que era diferentes tribus, le gustaba mambear todas las noches. Duraba hasta las diez, las ocho o hasta media noche.
En ese reuniones de mambeo de la noche, contaba historia, mitología. O a veces enseñaba los rezos a sus hijos. Y de esta forma heredaba lo que sabía papá a su familia.
Pero esa noche fue diferente. Esa noche durmieron muy temprano. Se acostaron como a las diez. Estaban como fundidos. Parecían unas piedras todos los que comieron. Hasta niños y mujeres estaban fundidos.
El Payé y su familia estaban al tanto. Como él sí sabía lo que iba a suceder, ya tenía listo. Tan pronto que durmieron toda la gente, fue sacando las cosas que pertenecían a él, para su canoa. Y esperó, impacientes lo que iba suceder.
Ya llegando media noche, salió orinar. Y escuchó que dentro de la tierra, caían pedazos de tierra al agua. Corrió hacia la maloca, se metió y le contó a su señora.
“¡ Vámonos que ya esto está marcado, y se está abriendo zanja!”
Y la señora corrió donde una vecina e intentó despertarla. Pero esta se parecía una piedra. Hasta las personas que se quejaron de sueño, estaban profundo, otros roncaban. El rey de otro mundo espiritual ya se había llevado su espíritu. Por lo tanto no estaba sino los despojos de ellos, o sea sus cuerpos.
Como vio que nadie se despertó, el sabio y sus esposas se fueron con la canoa y sus hijos. Y se fueron al otro lado del rio Vaupés. Esperando que pasaba. Al otro lado de la maloca había una laguna pequeña, no era tan grande. Ellos que llegaban a otro lado, se pusieron a esperar.
Y de repente, hubo un ruido espantoso cuando se hundió esa maloca. 39