Mi primera revista sterio de Belicena Villca editorial de la cas | Page 594

¨El Misterio de Belicena Villca¨ Capítulo XVIII Escudos de Provincias Argentinas. Córdoba Buenos Aires Santa Fe San Luis Y aquí estamos en Córdoba, tratando de hallar a la bendita Orden. Hoy es 30 de Mayo de 1981. Hace, pues, más de un año que compré el departamento en el centro, donde convivo con Segundo. Acabo de terminar este libro, en el capítulo XVII del Epílogo, o Prólogo, y muchos se preguntarán cómo y por qué lo escribí. La respuesta es simple: este libro es el producto de una reflexión, de una recapitulación escrita sobre mi extraordinaria experiencia con la Sabiduría Hiperbórea. He debido hacerla al fracasar todos los intentos por ubicar a la Orden de Caballeros Tirodal. Meses atrás, ante los resultados nulos de la búsqueda, me pregunté a Mí Mismo si no sería Yo el causante de la no coincidencia con la Orden, si no me faltaría llegar a una conclusión previa Y decidí poner las cosas en claro para Mí Mismo. Y me dije “¿qué mejor que ponerlas por escrito?”. Así, pues, comencé a redactar mis recuerdos a partir del asesinato de Belicena Villca, que fue cuando comenzó todo. Y ahora, al terminar, comprendo que la intuición era certera, que me faltaba asumir gran parte de todo lo que asimilara en tan breve tiempo y que mantenía a mi Espíritu todavía conmocionado no sería posible que con tal estado mental me fuese permitido hallar a la Orden. Pero escribir este libro me ha ayudado, y por eso he decidido darlo a conocer: para que otros, como Yo ahora, encuentren el Mundo de la Sangre de Tharsis. ◊ HIPEREPILOGO Córdoba, 7 de Junio de 1981. Al lector de este libro: Verdaderamente, era mi intención dar por concluido “El Misterio de la Sabiduría Hiperbórea” en la página anterior. En ese momento no tenía más que decir. Pero hoy, una semana después, ha sucedido algo que echó nueva luz sobre el problema que me ocupaba, esto es, la localización de la Orden de Caballeros Tirodal: creo haber obtenido, al fin, una pista segura. Y creo que es mi deber de Honor compartirla con el lector, brindarle a él la misma oportunidad que dispongo Yo ahora. Pero, antes de ofrecer tal información, expondré en forma sucinta lo que me ha ocurrido en el día de ayer. Buscaba una iluminación interior, ya que la búsqueda exterior no me llevaba a ninguna parte. Por eso escribí el presente libro; y fue al terminarlo que, ya mucho más sereno, decidí probar por una vía que aún no había intentado. Ayer por la tarde, sin mediar aviso alguno, me dirigí a la casa de Oskar Feil, el difunto amigo de tío Kurt, y quien había encontrado primero la 594