Mi primera revista sterio de Belicena Villca editorial de la cas | Page 588
¨El Misterio de Belicena Villca¨
Y de nada les valieron en esta ocasión, los “remedios” propuestos por Bera: la Paz del
Oro; la Ilusión de la Rabia; la Ilusión de la Tierra; y la Ilusión del Cielo.
Habíamos ganado la partida contra los Demonios, pero nunca jamás, hasta hoy, volví a
ver a tío Kurt.
Capítulo XVI
A continuación ocurrió un fenómeno que he decidido exponer por separado, debido a que
todavía no encontré una explicación convincente para el mismo. Como dije, me hallaba aun
mirando el Cielo, hacia la Cruz del Sur y pensando en las cosas que mencioné, tratando de
dominar la nostalgia por la partida de tío Kurt, intentando superar la depresión nerviosa.
El golpe fue violento, contundente, en el centro del cráneo, unos centímetros más arriba
del lugar donde tío Kurt me aplicara su certero culatazo. Caí fulminado al suelo, viendo
estrellas que no eran precisamente producto de un proceso alquimista, pero consciente de
que algo había caído del Cielo sobre mi cabeza, algo de pequeño tamaño y considerable
peso. Me incorporé, todavía aturdido, y comencé a buscar en derredor con ayuda de la
linterna lapicera. No tardé en hallar el proyectil, causante del chichón cuyos efectos dolorosos
duraron varios días y cuya cicatriz conservo: como es fácil imaginar, se trataba de una piedra.
Pero aquella era una piedra artísticamente tallada, y resultaba evidente que pertenecía a
un conjunto mayor, del que fuera fracturada. Era la mano de un niño de Piedra, mutilada a
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la altura de la muñeca, que expresaba el Bala Mudra , el Saludo Interno de la Casa de
Tharsis: los dedos índice y pulgar, estaban estirados formando el ángulo recto; y los
dedos mayor, anular, y meñique, se hallaban flexionados sobre la palma de la mano.
Al encontrar la mano de piedra, recordé instantáneamente el Día Trigesimotercero de la
Carta de Belicena Villca, y luego lo comprobé releyendo aquel párrafo una y otra vez: en ese
día Belicena narraba el exterminio de su Estirpe realizado por Bera y Birsa, al trasmutar a los
miembros no Iniciados de la Casa de Tharsis, como a los de mi familia, en betún de Judea
Fue entonces cuando el Noyo, Noso de Tharsis, llegó hasta la iglesia de la Virgen de la Gruta,
en Turdes, para rescatar la imagen al saqueo generalizado de Lugo de Braga. Y fue al cumplir
este cometido cuando comprobó que al Niño de Piedra le había sido amputada la mano que
expresaba la Vruna Bala. Pero tal desaparición sucedió en el siglo XIII, setecientos años
atrás: cuando menos parecía aventurado, por no decir absurdo, relacionar este hecho
con aquel. Y sin embargo, contra todos los argumentos lógicos, a mí el accidente me parecía
sugestivo. Y no he cambiado de idea: hice engastar la manecilla en una manilla de plata, le
agregué cadena, y me la colgué al cuello. ¿Cómo cayó sobre mi cabeza, o de dónde? no lo sé;
si es la misma mano del siglo XIII, tampoco lo sé; y qué significa que cayera contra mi cabeza
en ese momento, es algo que pertenece al campo de los más oscuros enigmas. Pero la pieza
me agrada y la llevaré conmigo hasta el Final.
Capítulo XVII
Es muy poco lo que me resta por agregar a este Epílogo, o Prólogo.
Pasado el shock que indudablemente me produjo la partida de tío Kurt, evidenciado en la
anormal serenidad con la cual me puse a reflexionar sobre los símbolos de la Espada, Perros,
Aves y Fieras, y superado el efecto doloroso del golpe en la cabeza, comencé a tomar
conciencia de la realidad y mi sistema nervioso entró en violenta crisis. Por dentro sentía que
me desmoronaba, y traté de mantenerme armado por fuera, gritando mil insultos y juramentos
contra todos nuestros enemigos, y del que al final no quedaron excluidos nuestros Camaradas
y aliados: Belicena Villca, su hijo Noyo, el Capitán Kiev, los Siddhas Leales, el Führer, y hasta
el Incognoscible, resultaron abarcados por mis irreproducibles blasfemias. No me justificaré,
78 Fuerza.
79 Expresión.
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