Mi primera revista EvidenciaEE_TrujilloRivera_PedroSamuel | Seite 343

algunos países de la región aun enfrentan la tarea de asegurar la escola- rización de las mujeres, especialmente en zonas rurales y de población indígena, lo que se vincula con contextos socioeconómicos y culturales particulares. Otro de los desafíos (UNESCO, 2004), es la necesidad de propiciar entornos seguros en los contextos escolares, frente a espa- cios propicios a eventuales episodios de violencia sexual. En contraste, las metas de acceso se ven disminuidas para los jóvenes en educación secundaria y aun se enfrenta la dificultad de expandir y disminuir la deserción en este nivel educativo entre los muchachos, lo que obliga a asumir las dificultades que impone el trabajo infantil y juvenil en los sectores más pobres, así como la distancia entre la cultura y formas de socialización juvenil, y las normas y exigencias de la socialización escolar, agravadas por el bajo desempeño arrastrado desde la primaria. En términos de logros de aprendizajes, la equidad de género exige mo- dificaciones aún más profundas. A nivel sistémico, la escuela y las di- versas herramientas con que lleva a cabo sus funciones, son fundamen- tales a la hora de definir el carácter socializador primario que produce, reproduce y transmite –de manera consciente o no– los estereotipos, símbolos y significados vinculados a lo femenino y masculino. De tal forma, uno de los desafíos sería entonces observar de manera longitudi- nal las estrategias de enseñanza de lenguas, ciencias y matemática, a la luz de los resultados de aprendizajede las evaluaciones estandarizadas. En el contexto escolar, las propuestas también apuntan a identificar y excluir los resabios sexistas del discurso escolar presentes en el currícu- lum oculto, que por lo general naturaliza las relaciones de género desde una perspectiva tradicional,legitimando, a través de iconografías o re- presentaciones sociales en textos y materiales de aula, la división se- xual del trabajo y la vinculación de mujeres y niñas principalmente con lo emocional, la pasividad o la actitud de servicio. Asimismo, se debe ampliar el escenario de participación y actoría de las mujeres, ya que se las remite con mayor frecuencia al ámbito de lo privado y a los hombres al ámbito de lo público, existiendo también una débil profundización y proposición de debates respecto de las relaciones de poder asimétricas entre hombres y mujeres que se ha dado a nivel sociohistórico. 151