Mi primera revista EvidenciaEE_TrujilloRivera_PedroSamuel | Page 341
Las citadas diferencias de género en los aprendizajes han sido ex-
plicadas a través de distintas interpretaciones. Una hipótesis es que
existirían patrones sociales y culturales que asocian lo femenino con
el lenguaje y lo masculino con la exactitud de las ciencias. Esta con-
vicción social se perpetúa y replica luego con fuerza en la escuela, a
nivel de discursos docentes, encontrando además una forma de afian-
zar esta representación social en los textos escolares y los materia-
les de aula, en cuya iconografía se tiende a presentar a los hombres
en los ámbitos científicos y matemáticos, y a las mujeres, ligadas a
las áreas humanistas. Sumado a esto, se otorgan más actividades de
aprendizaje y participación a hombres que a mujeres en ámbitos cien-
tíficos y matemáticos al interior de los establecimientos. También se
ha planteado que en los aspectos cognitivos existirían desarrollos di-
ferenciados en el aprendizaje entre niños y niñas, lo que requeriría
estrategias pedagogías diferenciadas para revertir las desigualdades
de género en resultados de aprendizaje (Sikora & Pokropek, 2011).
Adicionalmente, en diversos ámbitos educativos, se observa que en
los países de la región los más altos cargos en educación terciaria
tienden a ser ocupados por hombres. Por ejemplo, de un total de 200
universidades latinoamericanas y caribeñas, existen 168 rectores y
32 rectoras; incluso en países como Chile, Ecuador, Paraguay, Puerto
Rico, Salvador, Guatemala, entre otros, no existen universidades en
que una mujer ocupe el cargo de rectora (Gentili, 2012).
Finalmente, la relación entre tradicionales formas de organización so-
cial y económica de los pueblos indígenas, especialmente en zonas
rurales, muestra desventajas educativas de las mujeres que persisten
en esas zonas. Por otra parte, los referentes e interlocutores dentro
de las comunidades indígenas, como asimismo los representantes y
autoridades de la sociedad nacional, son siempre del sexo masculino,
lo que otorgamayor prestigio a los varones, según es percibido por las
mujeres indígenas. Este desequilibrio, y la confusión de roles y tareas
de ambos sexos, crea tensiones y conflictos dentro del seno familiar,
los que eventualmente impactan en la educación. Más aún, algunos
expertos plantean que las transformaciones recientes experimentadas
por esas comunidades no necesariamente aportan al mejoramiento de
esta situación, sino que en ciertos contextos de desarticulación social po-
drían implicar una dificultad adicional (Oyarce, 2010; Kretschmer, 2010).
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