Mi primera revista EvidenciaEE_TrujilloRivera_PedroSamuel | Page 336

pendan de la condición sexual. La educación es así vista no solo como una de las dimensiones en que se debe lograr la equidad de género, sino como una de las herramientas para lograr la igualdad de oportuni- dades en todos los ámbitos. Un criterio evaluativo entonces es considerar no solo los aspectos nor- mativos a que hemos hecho referencia, sino sustantivos en términos de su impacto en las condiciones y oportunidades de vida igualitarias de hombres y mujeres. En este sentido Fraser (1996) plantea una perspec- tiva integrada de la justicia de género, considerando dos dimensiones programáticas: políticas redistributivas, que en caso de la educación se refieren al acceso y permanencia de niñas y niños, mujeres y hombres en el sistema educacional, orientación que se da en casi todas las polí- ticas públicas; y por otra parte, la socialización de género o políticas de reconocimiento, aspecto que se sitúa en el marco de la justicia cultural o simbólica y apunta al papel de la educación escolar y sus prácticas, en la construcción de esa justicia. Diagnóstico de la región desde la perspectiva de educación para todos La preocupación especial dada a la igualdad entre los géneros en el Marco de Acción de Dakar tuvo a la base la histórica y generalizada situación de desventaja de las mujeres respecto de los hombres en el sistema educacional. Así, además de la mención especial a favor de las mujeres incorporada en el objetivo cuarto referido al analfabetis- mo (analizado en otra sección de este informe), el objetivo quinto del Marco de Acción se focalizó en la equidad de género entendida como la superación de las exclusiones que experimentaban las mujeres. En este sentido, el compromiso de paridad de género establecido desde el año 2000, tuvo como punto de partida en relación al acceso; que las niñas representaban el 57% de los 104 millones de niños sin escolari- zar, y que de los 860 millones de adultos analfabetos, dos tercios eran mujeres. Para el año 2005, los desequilibrios en materia de acceso de- bían estar subsanados a nivel mundial, sin embargo de los 181 países con datos disponibles, solo 59 lo consiguieron oportunamente en pri- maria y secundaria (UNESCO, 2008). Tal como fue expresado en la formulación original de este objetivo, la desigualdad de logro educativo entre los géneros se manifiesta (y en consecuencia debiera evaluarse) tanto en las disparidades de escola- rización como de desempeño o aprovechamiento de las oportunidades educativas. Sobre este último aspecto, desafortunadamente, no exis- ten buenos indicadores históricos de inequidad de género en la re- gión que permitan una mirada longitudinal de la brecha de género. 144