Mi primera revista EvidenciaEE_TrujilloRivera_PedroSamuel | Página 331
con mayor investigación científica y claro predominio a nivel de la
educación de posgrado. Se puede decir que todavía son la expresión
institucional más nítida de la capacidad latinoamericana de reflexión
intelectual, producción científica y elaboración de cultura propia. Por
este importante rol que aún ostentan, y la disminución del compromiso
fiscal con su financiamiento –que tiene distintos grados en las diferen-
tes experiencias nacionales–, algunos expertos hablan de la crisis de la
Universidad Pública como un rasgo fundamental del periodo (décadas
de los noventa y dos mil).
En el ámbito de las políticas para la educación superior, se ha intentado
construir –con diverso nivel de concreción–, sistemas de acreditación
y aseguramiento de la calidad que permitan una gestión coordinada
de un conjunto de instituciones cada vez más heterogéneo y diferen-
ciado. Las funciones normativas y de supervigilancia de los sistemas
han sido separadas de las universidades nacionales, lo que obliga a la
creación de nuevas instituciones encargadas de evaluar a los oferentes,
asegurar su calidad y promover en ellas una cultura de la información,
complimiento, transparencia y responsabilidad. En estos procesos se
han obtenido dispares resultados, en la medida que las reformas de
nivel sistémico no han estado acompañadas, aún, con reformas de las
instituciones (Mollis, 2011). Así, subsisten diferentes mecanismos de
financiamiento, formas de propiedad, y una enorme heterogeneidad de
tamaños y finalidades. En estas diferencias, aunque importante, el eje
público-privado no es el único, y tampoco opera de modo binario: hay
un continuo público-privado con distintos grados de control social y
mercantilización (Brunner, 2008). De ahí que sea complicado articular
los sistemas de educación superior actuales.
Por último, la región presenta todavía una capacidad de adaptación
muy limitada a los nuevos requerimientos que la globalización y la so-
ciedad de la información imponen en la formación de capital humano
avanzado y producción científica. El sector privado o la creación de ins-
tituciones ajenas a las universidades, no han logrado construir un dina-
mismo de producción científica alternativo a las macro-universidades
públicas. A su vez, los nuevos oferentes de educación superior tienden
a concentrarse en labores de docencia, y no se han inclinado, de modo
sustantivo, por la investigación básica ni los programas de posgrado.
Así, las universidades públicas han debido enfrentar estos desafíos,
aunquecon las debilidades ya anotadas (Mollis, 2010).
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