Mi primera revista EvidenciaEE_TrujilloRivera_PedroSamuel | Page 330
La dinámica de expansión de la educación superior tiene fuerzas muy
profundas: la promesa de la movilidad social, la transformación de la es-
tructura productiva de los países marcada por el mayor peso del sector
servicios, y la propia necesidad de autofinanciamiento de las institucio-
nes, demandan de las instituciones de educación superior una apertura
mayor a la experimentada en etapas históricas anteriores. A esto contri-
buye el que la expansión está también vinculada a la aparición de acto-
res privados como oferentes (con distinto grado de centralidad) (CINDA,
2007). Aquello diversifica el panorama de la educación superior tanto en
términos horizontales como verticales, puesto que la mayoría de las ve-
ces las nuevas instituciones se limitan a funciones docentes y concentran
la formación técnica y profesional (máximo 4 años que no conducen al
grado de Licenciado, CINE 5B), dirigiéndose a sectores sociales de más
bajos ingresos.
Esto supone cambios profundos en el modelo histórico seguido por los
países de la región en este nivel. En efecto, durante la mayor parte del si-
glo XX, la educación superior en América Latina y el Caribe se desarrolló
de la mano del Estado. Las universidades públicas latinoamericanas de-
vienen durante el siglo XX en macro-universidades: grandes instituciones
nacionales organizadas bajo el ideal humboldtiano, encargadas no solo
de la docencia profesional y la investigación científica, sino también de la
labor de extensión, que implicaba su obligación de reciprocidad para con
la sociedad en general, en la medida que esta –a través del Estado– se
hacía cargo de la totalidad de su financiamiento. Estas instituciones con-
centraron la mayor parte de la matrícula, complementadas con universi-
dades de la iglesia católica y algunas iniciativas privadas filantrópicas
o empresariales (sobre todo en el ámbito técnico-profesional). Fueron
un factor de movilidad social selectiva, especialmente para los sectores
medios, pero se trató de un proyecto altamente excluyente marcado por
su signo elitario –salvo excepciones como Argentina o México. La crisis
del modelo de desarrollo latinoamericano y la emergencia de una agenda
neoliberal a nivel internacional, han puesto en cuestión este modelo, de
servicio público basado en los aportes estatales.
Ciertamente, a pesar de estas transformaciones, a nivel sistémico se
mantiene la centralidad de las macro-universidades públicas (la UNAM
de México, la UBA de Argentina, la USP de Brasil, y la Universidad de
Chile, por nombrar algunos ejemplos). Además de expandir su matrí-
cula (y por tanto mantener aún una proporción considerable del to-
tal de estudiantes), siguen siendo las instituciones de mayor calidad,
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