Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 998

998 Imanol de la Flor les educativos y socioeconómicos distintos a los del migrante irregular, agrícola o urbano dedicado al sector de servicios) cuenten con nacionalidad mexicana o bien que se erijan en promotores de la importancia de México desde el interior mismo del país norteño. Adicionalmente se ha visibilizado la labor consular mexicana como la herramienta útil (primer frente) para enfrentar —como si de una batalla se tratara— la égida trumpista, brindan- do orientación y asistencia jurídica. Si bien la política exterior mexicana ha contado en este oficio uno de sus referentes más tradicionales y de mayor postín, la tirantez en las relaciones México-Estados Unidos no ha encon- trado una veta de distensión mediante su instrumentación como política pública. Bajo este enfoque se ha incardinado el alcance de la asistencia consular con su impacto doméstico en México, como parte primordial de nuestra estrategia de retorno, no sólo para incidir en su oportuna y ordenada ges- tión, sino para intentar frenarla en casos, por ejemplo, en los que principios como unidad familiar o interés superior del niño se encuentra en jue- go. Desnaturalizada de su función inicial como garante primordial de los derechos que el sistema jurídico de un país extranjero concede a los con- nacionales, la asistencia consular ahora se troca en un instrumento de contención de la diáspora que, en su mayoría adaptada a la sociedad recep- tora, no ve en el retorno una primera opción de desarrollo. En este sentido, la red consular poco puede hacer para destensar la relación bilateral, pues su labor se encuentra en franca colisión con la política migratoria y de se- guridad nacional de Estados Unidos. No obstante, con tacto y oficio, ha sido posible debilitar el discurso xenófobo mediante el litigio exitoso de casos y con alianzas estratégicas, en tanto se procura continuar una relación productiva de trabajo con interlocutores cuyas posiciones y objetivos difieren de la protección de mexicanos. Aunado al margen reducido de coincidencia con autoridades migrato- rias estadounidenses, se suman lagunas de comunicación entre la Canci- llería y el Instituto Nacional de Migración. De ahí que el impulso de la protección consular como instrumento de política doméstica y, en especial, de política migratoria, no se considere atinado por desnaturalizar su alcan- ce y vocación natural. Es decir, ésta no tiene el objetivo de erigirse en ins- trumento de contención contra las deportaciones para impactar en la imagen positiva del gobierno actual, sino la de ser un discreto y eficiente instrumento de atención al debido proceso de mexicanos en un territorio extranjero. Por su parte, la promoción amplia del programa “Somos Mexicanos”, como una estrategia de reinserción para las comunidades potencialmente repatriadas, se ha erigido en el caballo de batalla para responder a la algidez