Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 702
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Miguel Moctezuma L.
antes se ha señalado— llegaron al reconocimiento de la deslocalización de
lo local, en el sentido de que lo local se extiende más allá de sus confines y
a la inversa: lo global toma forma y sentido en lo local, abriendo la puerta
para el concepto de simultaneidad, que en Rouse existe como idea embrio
naria a partir del concepto de circuito de migración transnacional.
Hasta aquí la solución está resuelta a medias. El paso siguiente consiste
en reconocer que ese circuito migrante transnacional es una unidad com
pleja con interacciones y relaciones sociales y bespaciales más allá de sí
misma. Esta unidad no es cerrada como tradicionalmente la concibe la
antropología tradicional, por el contrario, se observa socialmente irradiada
por los sitios distantes del circuito que se unen al circuito; por tanto, no
debe perderse de vista la heterogeneidad social que éste representa como
resultado de los contextos de los que forma parte. Si el circuito migrante es
pensado como una red de relaciones sociales a distancia, cada sitio o compo
nente del circuito presentará una especificidad, ciertas características propias
que constituyen un cúmulo de relaciones sociales que lo integran, pero tam-
bién con otras entidades sociales distintas que lo enlazan. Entonces se trata de
relaciones sociales múltiples y variadas, más precisamente, de una simul
taneidad, local, deslocalizada y diferenciada socialmente, a la manera de un
paisaje, cuyos elementos se muestran en distintas direcciones ocupando el
espacio y cuya mirada depende de la posición que ocupe el analista. Esta
es la parte que no se devela cuando se pone el acento en esa unidad social, en
donde simplemente se reconoce que lo local se ha deslocalizado o que el
origen y destino forman una misma unidad; lo cual es cierto, pero se trata
de un crisol de relaciones sociales que dan forma y sentido al circuito de
migrantes. Durand (1988) se aproximó a la descripción propuesta cuando
—antecediendo a Rouse— se apoya en la metáfora de circuito, él afirmó:
“La migración incluye la movilización de información, bienes, capitales,
servicios, etcétera. Este tráfico continuo se asemeja a un circuito integrado
de corriente alterna, por el cual los flujos se mueven en múltiples direc
ciones y con diferentes intensidades […]” (Durand, 1988:43; cursivas mías).
Esas “diferentes intensidades” son más que complejas, pues dan cuenta de
relaciones sociales diversas que están entreveradas entre lo local y lo des
localizado, y si el circuito abarca varios sitios en más de un país, entonces su
complejidad es mayor que esa unidad; sólo de esta forma es que podemos
aceptar la idea de las relaciones que implica la simultaneidad transnacional.
Veamos algunos ejemplos, por cierto, más allá de la migración internacio
nal, que ilustran de mejor forma lo que quiero subrayar: en el contexto rural
mexicano es posible localizar la presencia de varios tipos de relaciones so
ciales a la vez (empresario, agrícolas, ganaderos, peones, medieros, jorna
leros indígenas foráneos, mineros, albañiles, intermediarios, recolectores,