Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 699
La relacionalidad multiespacial y temporal del transnacionalismo
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cuando el migrante se organiza asume compromisos hacia la comunidad,
la entidad o el país, incluso en su carácter transnacional logra ir más lejos
(Moctezuma, 2004a, 2004b, 2004c). Este es un aspecto que no es posible
distinguir cuando se pone el acento en el migrante como persona o incluso
en la intensa actividad de las comunidades de migrantes. Se trata, como lo
expresan Levitt y Glick Schiller (2004), de distintas formas de ser y perte
necer, formas y niveles que desde la sociología política permiten distinguir
los matices entre referencia, identidad, membresía y ciudadanía sustantiva entre
migrantes y no migrantes, abarcando otras categorías sociales como los
descendientes de segunda y tercera generación, así como estructuras orga
nizativas y de poder, como lo es el Estado.
Consideremos de manera sintética algunos ejemplos de estas formas de
ser y pertenecer que son parte de un crisol de relaciones, cuyos confines so-
ciales no son homogéneos y estáticos. En Estados Unidos la referencia social
de los migrantes mexicanos mestizos constituye su ser y pertenecer como
latinos, es decir, destaca su pertenencia social a un conglomerado social muy
amplio, o como dice Anderson (1991) a una comunidad imaginada; mien
tras que se reconocen como mexicanos en tanto forma de identidad nacio
nal. A su vez refrendan su participación e involucramiento, en tanto formas
de ser y pertenecer a unidades sociales más pequeñas, como comunidad y
la organización migrante, el hogar; es decir, a través de su membresía se asu-
men derechos y obligaciones, que en su contexto macrosocial permiten el
ejercicio extraterritorial de la ciudadanía sustantiva a través de los actores,
agentes y sujetos sociales. Y es que preponderantemente la referencia social
es sólo una manera de reconocerse sin comprometerse; esta es la parte gene
ralizada de aquellos migrantes que celebran fuera del país los días patrios
como ritos de nacionalismo puro o de aquellos que participan en las cere
monias religiosas sin nada que les comprometa; es una manera de pertenecer
sin ser; mientras que los migrantes organizados, en tanto sujetos destacan
el ser perteneciendo, reconocen claramente que sin el hacer no logran ser lo
que pretenden.
A diferencia de los migrantes mexicanos mestizos, los indígenas, aunque
se consideran latinos y mexicanos en tanto forma de referencia, su identi
dad es de tipo comunitario, por eso se describen primero como zapotecos,
mixtecos, purépechas, mayas, etc., y sólo en un segundo momento se con
ciben como mexicanos. Esto lleva a reconocer una mayor proximidad entre
colectividad y membresía de estos migrantes respecto de los mestizos. La
diferencia entre ambos radica en la intensidad que el Nosotros juega en ca-
da caso. Y es que aunque todos llevamos un “nosotros”, en el primer caso la
fuerza descansa en la persona y en el segundo en la comunidad. Véase cómo
la referencia, la identidad y la membresía tienen connotaciones distintas entre