Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 696

696 Miguel Moctezuma L. mático y que al ahogarse su madre, su padre que vivía en Cuba solicitó la custodia, lo que provocó un conflicto diplomático internacional entre Es­ tados Unidos y Cuba. Recientemente vivimos en México un incidente en sentido inverso: el de Alondra Luna, la menor de 14 años que fue reclamada desde Dallas, Texas, por Dorotea García Macedo, quien alegando que había sido sustraída ilegalmente de su hogar por su padre quien la llevó a México, le fue concedida la restitución de la custodia por la jueza Cinthia Elodia Mercado —de Los Reyes, Michoacán—, siendo trasladada una menor dis­ tinta a la buscada contra su voluntad a la ciudad de Dallas, la que finalmente tuvo que ser regresada a sus verdaderos padres. Estos casos se refieren a “ter- ceros implicados”, que son los familiares directos o los gobiernos de los estados de los dos países. Pero existen muchos otros “implicados”, como sucede con los familiares que se quedan en el origen al cuidado de los hijos de quienes migraron, imagen que al extenderse abarca a todos aquellos que reciben remesas, a los que se responsabilizan de las propiedades de los mi­ grantes o cuidan sus casas, e incluso a los proveedores de servicios que se pagan con remesas. En la misma lógica se ubican las comunidades que se ven beneficiadas con proyectos comunitarios a través de las remesas colectivas, además de las relaciones extraterritoriales que se desarrollan como conse­ cuencia de la organización migrante. Como parte de los “terceros implicados”, debemos problematizar —co­ mo novedad— a los menores que nacieron en el país de sus padres y fueron llevados muy pequeños a la sociedad de destino, al grado de reconocer en ellos una socialización primaria, distinta a la mexicana o a cualquier otra que corresponda a la sociedad de origen. Esto es parte de la lucha que se deba­ te actualmente en los tribunales judiciales sobre el reconocimiento de pro­ gramas como el DACA (Deferred Action for Childhood Arrivals) y DAPA (Deferred Action for Parental Accountability), que el presidente Obama puso en marcha y que el presidente Trump ha echado por tierra, a través de la llamada Acción Ejecutiva. Pero por si fuera poco, es necesario voltear tam­ bién la mirada hacia al nuevo retorno de familias a México, donde una parte de los hijos nacieron y/o fueron socializados en Estados Unidos y ahora viven con muchas dificultades en otra sociedad que no es la suya, e incluso este fenómeno abarca a los hijos que se han quedado a residir en aquella sociedad y que son parte de una familia dispersa. Como puede observarse, el sentido transnacional desafía las políticas públicas nacionales, así como la reflexión tradicional limitada a la simplificación de los hechos. Entonces, el concepto de transmigrantes dejó de ser funcional no porque existiera otro que lo hacía redundante, sino porque no logró recoger la complejidad de relaciones entre migrantes y no migrantes. De no haberse abandonado este concepto se hubiera empobrecido su mirada. Esta crítica también es válida