Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 678
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María da Gloria Marroni
día busqué una libreta y arranqué unas hojas y le di a mi papá: “Aquí están
los papeles”. Él me dijo: “Éstos no son”. Entonces me explicó (Testimonio
CUNY, 14 de septiembre de 2017).
En el ejemplo, los “secretos a voces” del grupo que circulan a través de
los códigos propios de los niños adquieren un tinte anecdótico, de una
mentira piadosa sustituida de manera reciente por un ocultamiento ansio-
génico. El pánico se apodera de los padres por las posibilidades cada vez
mayores de una deportación fast track, sin la mediación de algún recurso
jurídico para detenerla. Testimonios de madres “deportables” revelan la an-
gustia experimentada en cada momento al alejarse de sus hijos en la vida
cotidiana, ya que podrían no volverlos a ver. Viven con la amenaza de la apa
rición súbita de la “migra”, que puede separarlos definitiva o circunstan-
cialmente de ellos. La imagen de niños abandonados o desprotegidos las
acompaña permanentemente. Existen 5.1 millones de menores de 18 años, de
los cuales uno o los dos padres son migrantes irregulares y, por lo tanto, su
jetos a deportación, de éstos, 4.1 millones son ciudadanos estadounidenses
(Capps, Fix y Zong, 2016).
Aunque el estudio no desglosa la cifra por nacionalidad, la mayoría de
ellos son de origen mexicano. En muchos de estos casos, los padres podrían
perder la patria potestad y sus hijos ser recluidos en una institución o dados
en adopción. De los devueltos a México en 2014 por las autoridades mi-
gratorias estadounidenses y que tenían su residencia en Estados Unidos,
60% tenía hijos que se quedaron en ese país y 61% fueron devueltos sin fa
miliares (EMIF-Norte, 2016). 15 De las mujeres repatriadas a México, de enero
a septiembre de 2016, 53% dejó a sus hijos en Estados Unidos y 17.7% a
sus hijos junto con su cónyuge (Secretaría de Gobernación-Unidad de Polí
tica Migratoria, 2016): una demostración clara de la violencia institucional
que causa sendas fracturas familiares.
La gravedad de la situación hace a los niños cada vez más partícipes de
los problemas, aun cuando los padres desean eximirlos de ellos:
A los siete años yo me enteré porque escuché una conversación sobre eso en
mi casa. En el día anterior el ICE fue al trabajo donde estaba mi papá y él se
escapó; pero entonces empezaron a hablar de esa situación. Desde los siete
años yo les empecé a acompañar en los trámites porque ellos no hablaban
inglés (Testimonio CUNY, 14 de septiembre de 2017).
“[…] la deportación de las y los migrantes puede implicar una fragmentación familiar […]
Como se mostró antes, estos migrantes tienen una edad promedio de 34 años, por lo que se
puede sugerir que en muchos casos, sus hijos aún dependen de ellos, así que su deportación
representa un evento que afecta a toda la familia” (EMIF-Norte, 2016:65).
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