Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 672
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María da Gloria Marroni
en cruzar la línea de manera exitosa. La persecución al interior de Estados
Unidos, la deportación o inclusive las dificultades para encontrar trabajo en
aquel país no hacían parte de los relatos en el periodo. Innumerables anéc-
dotas se centraban en la idea de una frontera porosa y la capacidad de los
mexicanos de vencer los obstáculos, de manera coloquial o jocosa “burlar
la vigilancia gringa” (Marroni, 2006, 2009).
Se trataba de un discurso masculino que ensalzaba la hombría; las mu-
jeres empezaban a expresar mejor sus sentimientos de angustia y miedo, lo
que le valió a una madre una advertencia de un coyote:
No llore señora, porque a los que se les llora no llegan (Marroni, 2009).
La militarización de la frontera empezaba a mostrar los miedos y fracturas
familiares, antes más constreñidas a otros factores de la dinámica migrato-
ria. Como ilustra el testimonio, estas fracturas se expresaban de manera
diferenciada, de acuerdo con las características situacionales y psicosocia-
les de cada miembro en función de su proyecto migratorio y del grupo.
La posición en el grupo doméstico era un factor determinante en los
papeles que cada uno debía asumir para la manutención y reproducción del
hogar. La selectividad migratoria al interior del grupo tenía sus reglas. Si
alguien de la familia debía desplazarse era el varón, jefe de familia, o en la im-
posibilidad de éste, el primogénito o alguno de los hijos mayores. La norma
tividad cada vez más se contrarrestaba con la realidad, y no estaba exenta de
conflictos no siempre dirimidos de manera consensada.
El factor género también merece destaque por su densidad en los proce-
sos migratorios (Marroni, 2015) y las transformaciones en la movilidad
humana en el periodo observado. En sus inicios, a las mujeres les estaba
vedado migrar, aunque no faltaban las transgresoras. Ellas serían estigma-
tizadas como “locochonas” o promiscuas, pero las jóvenes solteras —desti
natarias principales de los comentarios despectivos— abrían el camino que
limitaba sus planes. No así a las casadas, cuyos obstáculos eran casi insupe
rables en función de sus responsabilidades como madres y esposas.
La intensificación de los flujos migratorios todavía se acompañó de su
circularidad, ya observada en etapas anteriores y que constituiría un rasgo
distintivo de los sistemas migratorios México-Estados Unidos. No obstan-
te, el proceso no pudo mantenerse con la misma dinámica de la observa-
da históricamente, lo que trae a discusión los rasgos del segundo periodo (de
1994 a 2008). Las medidas restrictivas a la migración tuvieron un efecto
colateral: muchos migrantes optaron por permanecer en Estados Unidos y
llevar a sus familiares a pesar de los riegos y del incremento elevado de los
costos del traslado.