Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 673
Familias fracturadas: la dinámica migratoria irregular
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Otros factores también actuaron para cambiar el perfil del migrante me
xicano, hasta entonces constituido de manera predominante por varones
y jóvenes. Las transformaciones en la sociedad mexicana y un mayor co-
nocimiento de la cultura estadounidense disminuyeron el temor a la mi-
gración de ciertos grupos, sobre todo de las mujeres: para ellas, migrar ya
no era tan estigmatizado. 11 La nueva lógica basada en el cambio de las re-
laciones de género ampliaba el margen de las mujeres jóvenes para acompa
ñar a sus parejas, ahora con el consenso de sus compañeros varones.
La migración de las jóvenes parejas, algunas con hijos menores que no
podían acompañarlas, trajo el protagonismo de otras figuras parentales
propias de estos contextos: los abuelos. Ellos serán los garantes de que
las fracturas familiares ocasionadas por la migración de la joven pareja,
sobre todo en relación con los niños, serán amortiguadas en su papel de
padres sustitutos.
La nueva dinámica familiar, sintetizada en esta partida, rompe con la
convivencia estrecha de tres generaciones y requiere ajustes para movilizar
los recursos familiares, materiales, simbólicos y emocionales. Procesar el
fin de un modo de vida en que se reproducía la vitalidad de la vida comuni
taria y la sustitución prevista de las generaciones mayores por las más jóve
nes, no está libre de resistencias. Por ello, hace parte de los acuerdos de los
integrantes del grupo un pacto en que las jóvenes parejas se comprometen
a regresar, después de cumplir las metas fijadas en su proyecto migratorio.
Implícitamente, este pacto no goza de credibilidad. La falta de perspectiva
de la vida en la sociedad rural 12 y en México casi siempre significa para
todos los involucrados una percepción no verbalizada, pero real: el retorno
—por lo menos voluntario— difícilmente se concretizará para aquellos que
alcanzaron “el sueño americano”. La coyuntura a partir de 2008 en la rela-
ción México-Estados Unidos enfrenta a los migrantes nuevamente a los
ajustes y desbarajustes familiares de la migración (Marroni, 2000).
11
Muchas de ellas, desde su infancia, habían visto a su madre asumir el enorme costo de
la responsabilidad familiar, enfrentar el control de sus movimientos y sexualidad, y esperar los
retornos cíclicos de un esposo, a veces demandante, controlador o enfermo; atestiguaban tam-
bién el incumplimiento de las promesas de retorno del esposo y, cuando los hijos crecían, verlos
igualmente migrar y enfrentar la vejez solas. Es ilustrativo el reclamo en las palabras de una
campesina que había tenido catorce hijos, todos migrantes a partir de la migración de su espo-
so: “Él siempre se lleva a los grandes y me deja con los chiquitos” (Marroni, 2000). Las jóvenes
no deseaban seguir este camino, pero también sus compañeros varones lo rechazaban: habían
perdido el miedo de que sus parejas se extraviasen a causa de las relaciones liberales de género.
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En un estudio en la Mixteca poblana, Nava (2000) constata que los desconsolados ancia-
nos se quejaban de que a sus descendientes no les interesaban las tierras o su herencia, un re-
curso ahora inútil cuando anteriormente podía significar el control de las generaciones mayores
sobre las más jóvenes.