Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 650
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Nicté Castañeda Camey, Maria Cristina Martinez-Taboada, ...
De acuerdo con el estudio de Telles y Ortiz (2010), el logro educativo al-
canza su cúspide entre la segunda generación de niños mexicanoestadouni-
denses, pero está estancado para la tercera y cuarta generación. Por lo
tanto, permanecen en una categoría de segunda clase en términos de com-
paración social con sus pares locales, que influyen en la autoestima, los
sentimientos y las conductas. Son conscientes de la disonancia entre su
pronóstico afectivo y la realidad. Los valores de su sociedad de origen y la
sociedad en general y sus instituciones, pueden tener una clara influencia
sobre la desafección entre los jóvenes y su nivel de ansiedad y depresión.
Curiosamente, México obtiene un puntaje de 82 en la evitación de la
incertidumbre y, por lo tanto, los mexicanos tienen una preferencia muy
alta para evitar la inseguridad, aunque la migración está asociada con gran-
des sentimientos de incertidumbre y se ajusta constantemente a los nuevos
patrones. Prefieren códigos de creencias y comportamientos claros. Tienen
una necesidad emocional de normas y reglas, incluso si las reglas no fun-
cionan bien. La sociedad estadounidense tiene un puntaje de 46 e incluye
un cierto sentimiento de aceptación de la incertidumbre. Los jóvenes esta-
dounidenses no requieren muchas reglas, pero deben funcionar bien. Las
prácticas cuentan más que los principios. También son menos expresi-
vos emocionalmente que las culturas de mayor puntuación.
La relevancia de esto es que los jóvenes inmigrantes mexicanos pueden
sentir presión y tensión social, porque son parte de un grupo minoritario
y están intensamente inducidos a asumir las creencias y las costumbres del
grupo dominante (Berry, 2006). Incluso para aquellos que nacieron en
Estados Unidos y no tienen problemas de ciudadanía, o no enfrentan barre
ras idiomáticas, son constantemente una minoría visible (Schwartz et al.,
2010). Se les pregunta constantemente de dónde vienen, aunque pertenez-
can a una segunda o tercera generación, e incluso si nunca han estado en
México. Hay una disonancia psicosocial constante y una identidad social
infravalorada. Debemos recordar que una identidad social negativa se re-
laciona con la autoestima negativa y la angustia.
El Modelo de Aculturación de Berry (Berry, 1999) resume esta diatriba
en cuatro posiciones: asimilación, integración, marginalización y sepa
ración. Estos son el resultado de cruzar dos factores: a) el valor de desarro-
llar relaciones con la sociedad en general y b) el valor de mantener el
patrimonio cultural de uno. La integración, también conocida como bicul-
turalismo, se asocia con efectos psicológicos más saludables, mientras que
las circunstancias en las que sólo una cultura se fomenta (es decir, separa-
ción o asimilación) se asocian con un aumento del sufrimiento y la triste-
za, y con cargas de salud (Berry et al., 1987). La asimilación ocurre a menudo
cuando las personas abandonan aspectos clave de su cultura de origen para