Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 563

Feminización de la migración internacional 563 Las migrantes mexicanas no se incorporan a la generalidad de las activi- dades de la economía estadounidense; se puede afirmar que existe una segregación laboral donde las relaciones de género, estatus legal y etnia son elementos centrales, como ha sido señalado por Pessar (1999), Hondag- neu-Sotelo (1994) y Zhou (2002). En la actualidad las mujeres se ocupan en fábricas o talleres, casas par- ticulares (servicio doméstico), limpieza en oficinas (janitors), restaurantes y pequeños comercios, trabajos que no requieren calificación y especiali- zación alguna, y se ha documentado que tienen los salarios más bajos en comparación con mujeres migrantes de otros países (Giorguli, Gaspar y Leite, 2007). Para las mujeres, vivir en una sociedad mexicana o estadounidense tiene significado diferente al del hombre, éste tiene siempre la añoranza del te- rruño y el deseo de regresar. Las mujeres extrañan su tierra, pero se reco- nocen y auto valoran como mujeres, ya que se dan cuenta que pueden enfrentar situaciones económicas y sociales que les permiten modificar los roles tradicionales de su relación con el esposo, padre e hijos. Trabajar, ga­ nar su propio dinero, inclusive el trabajo doméstico tiene representaciones diferentes en la nueva sociedad (Pessar, 2007; Hondagneu-Sotelo, 1994). Por lo antes expuesto, las mujeres prefieren quedarse a vivir en Estados Uni- dos a diferencia de los hombres. El establecimiento de una nueva familia o reunificación de la misma, el resignificado de los roles asumidos en el ho- gar, su inserción en el mercado laboral, la consolidación de las redes sociales, son factores que contribuyen para que las mujeres decidan permanecer por tiempo prolongado o en ocasiones definitivo. Las mujeres pueden aumentar su autoestima y tener mayor participación en la toma de decisiones y de recursos en la familia cuando emigran, cuando trabajan o viven en una sociedad con otros valores culturales. Sin embargo, falta documentar si estos cambios son radicales y/o generacionales. Pessar (2007), Hondagneu-Sotelo (1994) y Rosas (2016) han demostrado que los hombres viven segregados, perdiendo privilegios que tenían en la sociedad de origen, de ahí la añoranza del retorno. Lo anterior no significa que las mujeres y familias conciban la migración o su estancia en Estados Unidos un éxito en todos los sentidos. Tanto para los hombres como para las mujeres migrantes que laboran en Estados Uni- dos existe un reconocimiento a la explotación en el trabajo, la discrimina- ción en el mismo y en la sociedad, inclusive reconocen al ambiente de xenofobia que se ha incrementado en los últimos años. También existe la preocupación de los padres por el ambiente social y cultural que tienen que enfrentarse los hijos, tienen miedo de las “gangas”,