Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | страница 562
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Ofelia Woo Morales
un patriarcado urbano, pero no se queda en una dicotomía de lo rural-ur-
bano, nos permite ver matices en las expresiones de estos patriarcados para
entender las diferentes expresiones de sexismo y los desafíos que enfrentan
los inmigrantes en contexto de segregación económica. Para la autora, las
madres migrantes están preocupadas porque las hijas no vivan opresión
sexual, y los padres están más preocupados por embarazos a edades tem-
pranas, el contexto de violencia y drogadicción en el que están expuestas
sus hijas. Hirsch (2003) nos da cuenta de los cambios generacionales y
geográficos en la construcción social del género, y señala que estos cambios
no pueden tener una explicación tan simple como para reducirla a que
las mujeres se benefician automáticamente con la migración, sino que es un
proceso gradual en diferentes ámbitos en donde la mujer adquiere poder
y autonomía, la autora se enfoca también en un estudio sobre sexualidad y
salud reproductiva.
El debate que surge en las estudiosas del tema en la migración femenina
es si la mujer adquiere mayor autonomía por su participación en la migra-
ción internacional y en el mercado laboral. Por lo anterior, cabe destacar
los aportes que se han generado en la literatura sobre el trabajo remunera-
do desde que llegaron a Estados Unidos. Las mujeres mexicanas migrantes
trabajaban en la industria de la costura, en el campo, en las empacadoras, por
sólo mencionar algunos trabajos. “La industria de ropa es un buen ejemplo
de cómo la dinámica laboral de fines de 1930 y 1940 afectó a los mexicanos
en Los Ángeles. Hacia 1939 había 634 fábricas de vestido en los Ángeles. En
total estas fábricas empleaban a 15 890 trabajadores, de los cuales 75%
eran mujeres y niñas mexicanas” (Castillo y Ríos Bustamante, 1989: 227).
Las mujeres siempre han tenido que trabajar para vivir en Estados Unidos.
“Si no trabajas, no comes” es una frase recurrente de las migrantes.
Aproximadamente 50% de las mujeres de origen mexicano trabajan en
Estados Unidos (Giorguli, Gaspar y Leite, 2007:109). Si bien, esta cifra que
nos presentan las autoras es bastante significativa en relación con la partici-
pación de las mujeres en el mercado laboral en México -36% de acuerdo a
información de INEGI (2000). Otros estudios como los de Caicedo (2007)
nos demuestra que de las mujeres migrantes mexicanas tienen las tasas más
bajas de actividad en relación a otras mujeres migrantes (Woo, 2012:150).
Previamente he señalado que la participación de las mujeres en el mer-
cado laboral tiene una explicación que rebasa aquella que relacionaba el
ciclo de vida de la mujer para explicar su entrada y salida del mercado la-
boral. Las mujeres hacen referencia a la necesidad de contar con un trabajo
remunerado para poder subsistir en la sociedad receptora, tengan o no
documentos legales.