Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 385

Identidad cultural, territorio y fronteras 385 política y materialmente por un grupo social que se “distingue” de sus veci- nos por prácticas espaciales propias […]. 13 […] hablar de territorio implica elucidar los mecanismos de la territorialidad, que a su vez se asocian a procesos de reconocimiento, invención o reinterpre­ tación de identidades, sean endógenos o atribuidos […] (Bonneimaison, 1986, citado por Bataillon, 1997:23). Esta definición presenta una imagen de la identidad territorial o residen- cial, como le llama Bartolomé (1997:125), simultáneamente construida por dos conjuntos de mecanismos: los contrastivos, marcados por las fronteras comunales o étnicas; y los de identificación entre los miembros del grupo o categoría y que puede descansar en la invención de un pasado común com­ partido (mitos de origen) y vínculos profundos asociados por la idea de la familia original. En forma general, este conjunto de mecanismos puede te­ ner una base normativa o bien simbólica-expresiva (Giménez, 1996). Ahora bien, estos mecanismos a través de los cuales se construye el sen- tido de pertenencia a un territorio (territorialidad o sentido de comunidad territorial), pueden diferenciarse según la escala geográfica del territorio. En la comunidad local, pensada como una pequeña población, pueblo o ranchería, existe entre los integrantes lo que Sack (1988:228) llama la “se- guridad de compartir la experiencia del lugar a través de la interacción per­ sonal”, en los ritos o prácticas cotidianas. La clásica comunidad centrípeta y corporada de mediados de este siglo en México, de la que habla Wolf (1957), definía su Estado corporado por los mismos elementos que marcaron su identidad desde el siglo XVI: la propiedad colectiva sobre el territorio, un santo patrono del pueblo y las fiestas locales. En conjunto, ellos sirvieron como ejes alrededor de los cuales se tejieron las solidaridades internas que permitieron reinventar las identidades locales y comunitarias (Florescano, 1997:183-192). Mientras tanto, la comunidad nacional es una “[…] comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana […]” (Anderson, 1993: 13  Este énfasis en la “apropiación” se acerca al análisis de Vázquez (1997). La autora estudia la apropiación de los espacios entre grupos indígenas de Veracruz, considerando que la configu­ ración territorial es un hecho político, fruto del ejercicio e impugnación del poder. También desde esta perspectiva, al interior de un espacio, de un territorio, existen al lado de formas de apropiación hegemónicas, espacios vividos desde la subalternidad. Por ello habrá que analizar el territorio por su delimitación administrativa que proviene regularmente de leyes y decretos formulados por los grupos gobernantes, y que generalmente se ha expresado en modalidades de tenencia de la tierra, sino también por el acceso informal del espacio, que tiene que ver con el manejo que se hace del mismo territorio, a partir de las necesidades locales, del conocimiento del medio que tienen sus usufructuarios directos y que tiene como base las normas propias del grupo a partir de sus valores culturales (Vázquez, 1997:113-114).