Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 384

384 laura velasco ortiz regional, nacional o supranacional. Dicha diferenciación modifica el con- cepto mismo de territorio, porque nos permite pensar las diversas vías de construcción social del territorio y sus fronteras, en el contexto de las políti­ cas gubernamentales del Estado y de los agentes sociales en esos territorios. Si bien estas escalas no necesariamente corresponden con la delimitación administrativo-política, sí son cruzadas por este criterio. En el estudio de la relación territorio-cultura, existe una marcada preocupación por no redu- cir el propio territorio a su componente administrativo-político (Giménez, 1996; Carmagnani, 1993; Spores y Balkansky, 2013). Por ejemplo, Spores (1977) habla de territorios lingüísticos y fronteras lingüísticas que exceden los límites administrativo-políticos. 11 Aunque la crítica actual se centra en no asumir las fronteras administrativo-políticas nacionales como fronteras cul­ turales, ello no implica negar el papel de las fronteras administrativo-polí- ticas de los territorios nacionales, regionales y locales, en la contención de formas de organización social y política que cohesionan, incluyen y exclu- yen identidades. Es decir, a través de la historia, estas fronteras crearon un sentido de pertenencia comunitaria que permitió distinguir espacios polí­ tico-económicos diferenciados como sitios de producción cultural (véase Lomnitz, 1995). Las prácticas gubernamentales en los Estados modernos no sólo producen diferencias sociales, sino también las instituye en formas de identidades, contribuyendo a la organización social de las diferencias culturales (Ver- dery, 1994:45). Las identidades culturales suponen un sentido de pertenen­ cia comunitaria que se construye por autoadscripción simultáneamente que por heteroadscripción. Bajo la ideología nacionalista, el sentido de per­ tenencia territorial fue fomentado alrededor de los mitos del origen com- partido y la metáfora de la familia. Ambos elementos sirvieron de base a la construcción del sentido de comunidad imaginada de nación. 12 Llegamos así a una segunda definición de territorio que integra estos últimos elementos: […] la definición del concepto de [territorio], […] no es única […] aunque se comparte generalmente la noción de un espacio apropiado mítica, social, 11  Claude Bataillon (1997:20) considera que introducir una alternancia de perspectivas al explorar la relevancia del problema de la escala territorial, puede ayudar a atender la diversidad, validez y legitimación de las unidades territoriales. Esta alternancia puede ayudar a observar lógicas múltiples en la delimitación territorial, como el hecho de que en México la lógica adminis­ trativa dio origen a arreglos territoriales específicos que no coinciden estrictamente con los de la burocracia eclesiástica, con los tejidos empresariales o con las redes de intercambio comercial. 12  Según Enrique Florescano (1997:17), el nacionalismo —como deseo de formar o sostener un Estado nacional— es anterior al surgimiento de la nación, en términos modernos.