Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 383
Identidad cultural, territorio y fronteras
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Se puede ejemplificar este proceso con las prácticas colectivas que reali
zan los migrantes oaxaqueños en la frontera México-Estados Unidos, y las
cuales sustentan la reproducción de las festividades cívico-religiosas, como
la fiesta de la Guelaguetza, en Los Ángeles y en Vista, California, y en las
festividades de los Muertos en Tijuana. O bien, a través de la representación
pública de la Danza de los Viejitos en la fiesta comunitaria de Cobden, al
sur de Illinois por parte de inmigrantes michoacanos procedentes de Cherán
(Anderson, 1997:7-9), así como del traslado de objetos que están simbóli-
camente territorializados en los pueblos de origen en Guerrero (como son
enseres domésticos, ropa, fotografías y videos) a Chicago, como lo reporta
Boruchoff (1997:11-13).
Así, la territorialidad fragmentada es rearticulada a través de la experien-
cia individual y colectiva de los migrantes en un espacio de significación
más amplio, el espacio social de la comunidad local o regional. Esta idea de
fragmentación del territorio, en opinión de Carmagnani (1993:70), permite
pensar al territorio como un concepto parcial susceptible de ser fragmen-
tado y recompuesto, a diferencia del espacio que tiene un marcado carácter
de pertenencia cultural. Al parecer, este énfasis en la “fragmentación terri-
torial”, con efectos similares en la identidad cultural de los migrantes, lleva
a Giménez (1996) a atribuir a la literatura posmodernista anglosajona sobre
el tema, un uso parcial del concepto de territorio y propone distinguir en-
tre el uso del término y del concepto.
[...] como término [el territorio] remite a cualquier extensión de la superfi
cie terrestre habitada por grupos humanos y delimitada en diferentes escalas:
local, municipal, regional, nacional o supranacional […] y como concepto
es siempre un espacio valorizado sea instrumentalmente, sea culturalmente
[...] (Giménez, 1996:10).
Desde este punto de vista, el territorio puede ser visto como espacio de
inscripción de la cultura, marco o área de distribución de prácticas e insti-
tuciones culturales, como objeto de representación y apego afectivo y un
símbolo de pertenencia socioterritorial. Conceptualizado como tal, el terri
torio se acerca a la definición de espacio social de Harvey (1989) y de lugar
de Sack (1988). Harvey considera el espacio social como producto de la
experiencia, la percepción y la imaginación. En sentido similar, Sack con-
sidera el lugar más allá de su dimensión física, como una experiencia vital
que integra naturaleza, significado y relaciones sociales.
Adicionalmente a esta coincidencia conceptual del territorio con el espa
cio y el lugar, hay un aspecto distintivo en la conceptualización de territo-
rio de Giménez (1996): la diferenciación de sus escalas local, municipal,