Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 380

380 laura velasco ortiz el Paso, Texas, inauguró una serie de operaciones que se extendieron por toda la frontera con inversión en infraestructura, tecnología y recursos con el fin de detener el cruce. En esta misma década se inició la construcción del migrante como criminal con cambios legislativos importantes como el IRIRA de 1996. Pero fue el año 2001 el que marcó un cambio paradigmático, al unir la política migratoria y la de seguridad nacional, completando el proceso de criminalización de los inmigrantes mexicanos y la frontera como zona de contención política y cultural. En este nuevo escenario, los flujos de la mi­ gración mexicana de sur a norte se han complejizado con los cerca de 4.6 millones de deportaciones registradas entre 2003 y 2012 (Velasco y Coubès, 2013). Estas deportaciones ya no sólo eran las que respondían a las deten- ciones en el cruce clandestino, sino a raíz de las detenciones al interior del territorio estadounidense de personas con larga data de vivir en Estados Unidos, e incluso teniendo papeles de residencia. La ampliación de las cau­ sales de deportación y la reclasificación de delitos colocó a millones de personas con faltas administrativas en el quicio de la deportación. El caso más visible políticamente es la amenaza, a veces cumplida, de la deportación de jóvenes que llegaron cuando eran niños a Estados Unidos, y que tras una intensa movilización lograron la famosa Dream Act 7 en su primera versión en 2001 y aún en vilo con el actual presidente Donald Trump. Este nuevo escenario plantea una serie de retos para la continuidad de las comunidades transnacionales construidas a lo largo de las últimas déca­ das del siglo XX. Ya no son las generaciones de migrantes con vínculos di­ rectos y prácticos con sus comunidades de origen, sino nuevas generaciones de jóvenes cuyo idioma principal es el inglés, cuyas luchas ciudadanas se ins­criben en las dinámicas políticas de Estados Unidos. La simultaneidad del compromiso con los lugares de origen y los de desti­ no se ha transformado generacionalmente, pero sigue constituyendo uno de los núcleos analíticos de los procesos transnacionales (Levitt y Schiller, 2004) que caracterizan a las comunidades como configuraciones territoria­ les y culturales signadas por la dispersión, fragmentación y discontinuidad. Esa nueva configuración social y cultural transnacional fue analizada, en la literatura especializada de la década de los noventa, a través de conceptos tales como “redes de migrantes” (Massey, 1987), “circuito migratorio inter­  La Ley de Desarrollo, Respaldo y Educación para Extranjeros Menores, el Acta de los Sue- ños (Dream Act, 2001), tiene por objetivo permitir a las y los jóvenes inmigrantes sin documentos que llegaron a Estados Unidos en la infancia, obtener el estatus de residentes permanentes. Bajo el mandato del presidente Obama se propuso la Acción Diferida (Deferred Action for Child­hood Arrivals-DACA, 2012), la cual establece que durante un periodo de dos años y sujeto a re­novación, los jóvenes pueden acceder a un empleo e incluso tener una licencia de conducir, lo cual no implica un estatus legal. 7