Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 319

Historia urbana y arquitectura en la educación superior chicana 319 cinematográfica. Las múltiples barreras impuestas entre y alrededor de los formados barrios de personas afro-descendientes y chicanas, de lo que sería una nueva época, son ilustrativas. Encima de las pólizas de exclusión racial vividas en la las esferas residenciales, de transportación y de comunicación, se implantan nuevas vías transportadoras, las cuales facilitarían la salida casi exclusiva de comunidades blanco-estadounidenses, desde entonces áreas marginadas y excluidas. De hecho, el diseño y construcción de carre­ teras, autopistas y las vías ferrocarrileras que encuadran y dividen la zona en la nueva época de la posguerra, les obstruye la salida y transportación a las comunidades chicanas y las afro-descendientes hacia los nuevos subur­ bios metropolitanos. Esto tiene un variado conjunto de impactos en los diferentes sistemas sociourbanos del momento. Considérese, por ejemplo, la crítica sobre el “Model Cities Program” —el Programa de Ciudades Modelos—, que le fue impuesto a la zona a principios de la guerra fría (Acuña, 1984; Acuña, 2000; Diaz, 2005; Quiñones, 1990). Las variedades de marginación en las zonas urbanas que surgen desde este programa, los cambios urbanos y las renacientes industrias de la región que el cambio facilita, tienen como impacto particular las exclusiones y expulsiones de aquellos espacios en donde la autoridad comunitaria estuviera por desarrollarse por la misma comunidad chicana (Diaz de Krofcheck y Jackson, 1974; Guzman, 1976; Muñoz, 1974, Pardo, 1998). Las angustias provocadas por este nuevo con­ texto sociohistórico se destapan a finales de la década de 1960, paralela­ mente a otras a nivel nacional e internacional (Biondi, 2012). El activismo hasta entonces se había manejado dentro de las vías políticas establecidas y liderada por personajes como Edward Roybal, el primer congresista de descendencia mexicana del siglo XX del área, y organizaciones comunita­ rias como el Community Service Organization (la Organización Comuni­ taria de Servicio). Ambos lograron unir voces en la comunidad del Este de Los Ángeles en la década de 1950 sobre su desplazamiento y en ciertas ins- tancias desviar las rutas que intersectaran el área geográfico (Acuña, 1984). El mismo patrón de participación cívica, primero moderado y luego más radical, se establece en el ámbito educativo. Las corrientes protagónicas chi- canas de la época que buscan y luego logran insertarse dentro del sistema de educación superior a finales de la década de 1960, tienen particular re­ levancia aquí. Éstas fundan toda una infraestructura de educación chicana a lo largo del sistema institucional-educativo, a base de la política tradicio­ nal y el activismo que marcó la época, como los paros institucionales, las protestas callejeras, los proyectos artísticos con plenos intereses políticos, etc. Esta participación cívica logra establecer facultades universitarias de estudios chicanos y programas de reclutamiento de profesores y estudiantes