Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 315

Historia urbana y arquitectura en la educación superior chicana 315 tales objetivos a través de las estructuras de la carta magna del sistema CSU. En fin, de ella se heredó la expresa intención de atender las crecientes ne­ cesidades socioeconómicas del estado, esperadas en la víspera de la segunda mitad del siglo XX (Douglass, 2000). Los dramáticos cambios arquitectó­ nicos, económicos, laborales y demográficos que se avecinaban en el es­- tado a raíz de la época de la guerra fría y por los arreglos entre la industria y el gobierno federal, lo demandarían. Este es el contexto que el sistema CSU amortiguó, facilitó y que le introdujo a la población. En el siguiente caso hay que considerar que al sistema CSU se le presen­ taron las imprevistas tareas curriculares y pedagógicas ante sus estudiantes no blanco-estadounidenses, pues el cambio racial y étnico de la clase tra­ bajadora en la región sureña de California a partir de 1965 y del cual el sistema CSU ha acogido estudiantes, ha cambiado dramáticamente (Asso­ ciation, 2014; Bozorgmehr, Sabagh y Light 1996; Chapa, 1993; Molina, 2014; Waldinger, 1996). Esto explicaría la designación HSI que emergiera en años posteriores. Sin embargo, se reconoce que las prácticas educativas —en lo que la escolarización de estudiantes no blanco-estadounidenses se ha tratado históricamente— no dejarán de presentarse dentro del mismo contexto universitario: el recorte al presupuesto educativo justo en el mo­ mento que la matriculación no blanco-estadounidense comienza su ascen­ dencia por encima de la blanco-estadunidense y el caso inverso del aumento a la colegiatura, la exclusión de solicitantes adecuadamente pre­ parados para su matriculación, la reducida presencia de docentes, etcétera (Association, 2017). Estos casos contribuyen a una variedad de ejercicios administrativos marcados por sus consecuencias humillantes al estudiantado chicano, que el texto sirve para introducir. Los mismos están ligados a procesos históri­ cos que también se introducen para así definir paralelas líneas de estudio sobre la educación superior chicana de la región. La división del sistema en dos de cada plantel universitario es un caso ilustrativo de las realidades arquitectónicas que marcan la socialización del estudiantado contemporá­ neamente (Yamada, 2010). Dadas las reducciones presupuestales a la pri­ mera división, que es la estatal, se toma del registro de estudiantes para la segunda, que cuenta con la abierta presencia corporativa en donde se le aumenta el costo al estudiantado por cursos requeridos y ofrecidos con mayor regularidad que en la primera división. La lógica de esta práctica —tan siquiera aquella ofrecida por el sector administrativo del sistema— es que de esta forma cada plantel se puede hacer de mayor presupuesto para cumplir con sus costos. A la explotación del contexto económico del esta­ do y a sus estudiantes aquí descrito, se le agrega la falta de comproban- tes de gastos administrativos que los investigadores de la fiscalía estatal