Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 233

De las escuelas de Estados Unidos a las escuelas de México 233 nacionales nacidos en México va reduciéndose (Jensen et al., 2017); es por ellos que la probabilidades de que los niños circulen entre México y Estados Unidos y, en consecuencia, de un sistema escolar al otro, se incrementen en un futuro cercano. Lo que sabemos es que esta circulación entre escuelas se traduce en lo que hemos denominado fragmentación de las trayectorias escolares. La trayectoria se fragmenta porque los dos tipos de escuelas, la mexicana y la es- tadounidense, se ignoran entre sí, de manera que los niños no transitan de un sistema escolar al otro, sino que se tropiezan cada vez que cambian de es- cuela. La circulación de los niños de un sistema escolar al otro sigue secuencias variadas y, por ende, la fragmentación se presenta a intensidades diferentes. En un extremo del continuum están los niños que pasan de un sistema esco­ lar al otro todos los años escolares; en el otro extremo, están los niños que se mueven una sola vez porque iniciaron su escolaridad en Estados Unidos y luego llegan a México. En el primer caso la fragmentación llega a su máxima expresión, en el otro, a su mínima. Sin embargo, aún en el segundo de los casos —y suponiendo que estos últimos niños o adolescentes no regresaron a Estados Unidos para continuar su escolaridad— encontramos formas de fragmentación que requieren de atención porque llegan a las escuelas de Mé- xico después de haber cursado seis, siete, ocho años de escolaridad en Esta- dos Unidos. Como lo hemos planteado en secciones anteriores, los niños migrantes nacidos en México son mononacionales; los nacidos en Esta- dos Unidos son binacionales. Los segundos presentan una mayor propensión a circular porque las condiciones jurídicas se lo facilitan. Vayamos a las escuelas de Estados Unidos. La ficción en las escuelas es­ tadounidenses es que los niños migrantes internacionales o los hijos de los migrantes internacionales no circulan. Son emigrantes o hijos de emigran­ tes que llegan a Estados Unidos para establecerse. Así las cosas, todas las ac- ciones escolares están dirigidas a asimilar a estos niños y hacerlos miembros de la sociedad de destino, en un sentido nacional y local (Wong Fillmore y Meyer, 1992). La adquisición de la lengua societal (el inglés) se convierte en el eje curricular mayor y, a partir del inglés, el logro de las com­petencias escolares exigidas a lo largo de la educación básica, K-12 (Valdés, Capitelli y Alvarez, 2011). Ignorando la circulación, las escuelas de Estados Unidos no los preparan para transitar porque no se imaginan que el alumno que tienen en el aula, probablemente estará inscrito en una escuela de Jalisco o de Zacatecas el siguiente año escolar (Hamann, 2001). Es por eso que la pérdi­ da del español no produce ninguna preocupación. Además, los niños corren el riesgo de que sus limitaciones en la comunicación en inglés (escrito o hablado) sean interpretadas por los maestros o directivos como una prueba