Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 1039

Política migratoria, migración irregular y seguridad 1039 de Barack Obama— se observó una cierta colaboración en el marco de la de­ nominada “Iniciativa Mérida”, la cual planteó como objetivo “superar las limitaciones de la cooperación binacional antidrogas de años pasados”, bajo un nuevo esquema que reconocía las responsabilidades compartidas de Estados Unidos y México en la lucha contra la violencia que amenaza a los ciudadanos de ambos países generada por el narcotrá­­fi­co”. Así, la Iniciativa Mérida proporcionó “habilidades técnicas y asistencia en territorio mexi- cano para la profesionalización de la policía, la reforma judicial y peniten- ciaria, el reforzamiento de las tecnologías de información, el desarrollo de infraestructura, la seguridad fronteriza y el fomento de una cultura de lega- lidad (Ramos, 2011:82-83). Bajo este nuevo esquema, México y Estados Unidos comienzan a cooperar en el reforzamiento de la seguridad fronteriza y México endurece sus con- troles en la frontera sur. Dichas tendencias se fortalecen visiblemente como respuesta a la denominada “crisis de los menores migrantes sin acompaña- miento”, que se registra en el verano de 2014 cuando cientos de niños y adolescentes provenientes de Centroamérica llegan a la frontera con Estados Unidos y se entregan voluntariamente a las autoridades migratorias, alegan- do ser víctimas de violencia extrema o persecución en sus países de origen. En el marco de una mayor cooperación fronteriza entre México y Estados Unidos, las autoridades mexicanas implementan lo que se conoce como Plan Frontera Sur. Dicho plan (sin reglamentación específica) constituye un ambicioso esfuerzo de control migratorio en la frontera sur de México. Las acciones del mismo incluyen una mayor cooperación entre las distintas agencias encargadas de la seguridad fronteriza en el sur de México, la ins- talación de puntos de revisión de la Policía Federal, así como la utilización de las fuerzas armadas para asegurar el control fronterizo. Sólo en 2014, México deportó 107 841 migrantes indocumentados, la mayor parte de los cuales eran centroamericanos. Esta cifra representó un incremento del 35% en comparación con el año anterior (Boggs, 2015). La creciente cooperación en materia de seguridad fronteriza entre Méxi­ co y Estados Unidos, con el fin de controlar los flujos migratorios en el norte y el sur de México, ha sido visible en los últimos años, pero podría limitarse dadas las nuevas condiciones políticas prevalecientes en la Unión Americana después de las elecciones presidenciales de 2016. La llegada de Donald J. Trump a la Casa Blanca implica un cambio radical en el discurso hacia México y Centroamérica, bajo el cual la confrontación prevalece y se abre la posibilidad a que las ganancias en materia de cooperación en segu- ridad fronteriza se reviertan. Trump plantea desde su campaña la construc- ción de un muro a todo lo largo de la frontera de Estados Unidos con México, e insiste desde el inicio de su administración en que logrará su obje-