Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 1014

1014 Rodolfo Casillas R. El traficante es el polo opuesto del pollero; para éste son precondición para la interacción y acuerdo el conocimiento previo entre las partes, para aquél no; mientras uno se basa en la relación subjetiva, el otro en la obje­ tiva, despersonalizada; mientras que de la acción de pollero se puede es­ perar un beneficio para el tejido social, de la del traficante la activación de los circuitos comerciales benefician las relaciones del mercado y los tejidos sociales que a ellas correspondan, pero no los tejidos sociales de los mi­ grantes; éstos, aunque se lleguen a extender en tiempo y espacio, siguen acotados, mientras que tiempo y espacio para lo comercial tiende al mer­ cado global. Por eso apabullan los circuitos comerciales a los tejidos sociales de los migrantes, si no los trituran los moldean para hacerlos funcionales a lo macro comercial. Pero también ocurre que pollero y traficante requieran de aval social, así sean agentes sociales distintos y distinto sea el aval requerido. Ese aval es la confianza; personal en un caso, profesional en el otro. No cualquier mi­ grante deviene pollero: en situación óptima, lo hace quien por ser migrante o por ser migrante miembro de una familia de migrantes es reconocido como gente confiable para encargarle que lleve a un o una primeriza. Si lo hace y lo hace bien, la propia comunidad se lo reconocerá haciéndole en­ cargos similares en tiempos venideros, hasta que el título de pollero sea dicho como un reconocimiento social que da prestigio a quien se lo ganó. Ello no implica ingresos económicos adicionales necesariamente, pero sí prestigio social, cohesión social del tejido con y hacia quien da ese apor- te comunitario. El traficante, en cambio, del precio de sus servicios, de las con­diciones de pago, pero sobre todo del cumplimiento de lo ofrecido de­ pende para ser requerido por más y nuevos demandantes de traslado inter­ nacional: a mayor profesionalidad en su actuar dependerá mayor demanda de sus servicios, es decir, relaciones contractuales propias del mercado. Su prestigio no es social, es empresarial, mercantil, profesional. La gente con­ fiará en el pollero por su prestigio social, mientras que esa misma gente confiará, de ser el caso, en el prestigio profesional del traficante: a uno se le da afecto; al otro, monedas. Si, en esencia, cada uno de esos tres conceptos (pollero, coyote y trafi­ cante) son distintos, en la práctica pueden desarrollarse vasos comunican­ tes entre quienes los encarnan en la realidad, transferencias de identidad, de actuación, de cometidos, de espacios en donde ocurren los encuentros o hechos sociales. El riesgo de confundir uno y otro es mayor cuando las mismas personas físicas asumen una u otra actividad, o que con unos mi­ grantes asuman un papel y con otros, otro, en el mismo espacio físico y temporal. No hay confusión de roles, sino de diferenciación de relaciones con la otredad migrante. Por su inmediata cercanía, son los propios migran­