Mi primera publicacion ANALES 2018 FINAL FINAL p | Page 84

84 V olumen 55 (2018) tor narra como la epidemia se ha extendido a Inglaterra. La ciudad de Kingsbrid- ge sufre la terrible plaga en un segundo brote. Después de diez años de ocurrida la primera peste retorna la epidemia al burgo (fig. 12) . Cuenta el autor: “El chico habló muy rápido. –Mi padre y mi madre están enfermos, al igual que mi hermano… Giles subió la escalera exterior acompañado de Caris, que notó el olor familiar de la enfermedad en cuanto entró en la estancia…cruzó la sala y entró en la alcoba, donde halló la espantosa respuesta. En la cámara había tres personas tumbadas en colchones, una mujer, un hombre algo mayor y un adolescente. El hombre era el que se encontraba en peor estado. No paraba de gruñir y de sudar, aquejado por la fiebre. El cuello abierto de su camisa dejaba al descu- bierto un sarpullido de manchas de color negro y púrpura en el pecho y en la garganta. Además, tenía los labios y la nariz manchados de sangre. Tenía la peste. Siempre sobreviven unas cuantas personas, pero no muchas. – Que Dios tenga piedad de nosotros, entonces –dijo la mujer. – Amén –respondió Caris.” La descripción de la enfermedad que hace el escritor se ciñe bastante bien a la realidad. Expone el cuadro clínico con exactitud y con palabras y estilo li- terario fácilmente comprensibles para el lector lego en terminología médica. Es probable que, para la descripción de la enfermedad y su evolución, Follet de haya ilustrado en los Principios de Medicina Interna de T.R. Harrison, el libro de me- dicina con más difusión en los últimos decenios del pasado siglo, en sus múltiples ediciones sigue siendo el predilecto de muchos estudiosos hasta el día de hoy 22 . Se destaca la relación de los únicos y escasos medios que a la sazón existían para tratar de evitar el contagio y la extensión de la epidemia: cubrir el rostro con una mascarilla al ir a tener contacto con los pacientes, lavar las manos con gran frecuencia, lograr una limpieza extrema en todos los locales, cerrar la ciudad a cal y a canto para impedir la entrada de infectados. Estas medidas, utilizadas de manera empírica, debieron ser eficaces, pues cubren (aunque relativamente) las posibilidades de contagio y de supervivencia del germen: dificultan la persisten- cia del ciclo roedores-pulga-roedores, impiden la conservación de la bacteria en el suelo y protegen de la infección humano-humano. Con estas disposiciones sanitarias disminuye, según el relato de Follet, el número de afectados; pero todavía no se extingue la epidemia, que después cesa espontáneamente y sin explicación, posiblemente por la muerte de todos los afec- tados y de los roedores portadores del germen. En los años en que transcurre la narración hospitales y lazaretos no eran novedad (fig. 13) . La principal gloria de la medicina medieval es la organización de hospitales y asilos para enfermos. Aunque existen antecedentes en la antigua Babilonia, y aun cuando los Iatrea y los Asclepieia de griegos y romanos son dignos precursores, hay que conocer que el espíritu de la antigüedad respecto a los enfermos no era de compasión, la decisión de socorrer caritativamente a los