Mi primera publicacion ANALES 2018 FINAL FINAL p | Página 83

A nales de la R eal A cademia de M edicina y C irugía de V alladolid 83 Ken Follet (fig. 11) nace en Cardiff, Gales, en junio de 1949. Estudia Filosofía en el University College of London. Después de una breve formación como pe- riodista, trabaja en el South Wales Echo de Cardiff y en el Evening Standard y el Evening News de Londres. Tras la publicación de su primera narración, “La Isla de las Tormentas”, se hizo internacionalmente famoso como escritor de obras de suspense y novelas históricas. Escritor ameno y de lectura fácil, creador in- fatigable de Best Sellers, entra de lleno en el género de la literatura comercial. Follet milita en la izquierda, es propagandista activo del Labour Party. Su esposa Barbara es representante parlamentaria por Stevenage (pequeña ciudad en Her- tfordshire) desde 1997, renovó su escaño en las elecciones de 2001 y 2005, fue Minister of Equality en el gobierno de Gordon Brown. “Un mundo sin fin” es la segunda parte de la extensa historia de la ciudad imaginaria de Kingsbridge, que comienza con “Los pilares de la tierra”. El pro- tagonista se va a vivir a Florencia, se marcha de Inglaterra desesperado tras un desengaño amoroso. En la parte “italiana” del libro se relata: En la primavera de 1348, Merthin se despertó con la sensación de que acababa de tener una pesa- dilla que no podía recordar del todo. Se sentía asustado y débil. Abrió los ojos en una habitación iluminada por los rayos de luz del sol que se filtraban por los postigos a medio cerrar. Vio un techo alto, paredes blancas y baldosas rojas. Soplaba una brisa agradable. La realidad regresaba lentamente. Estaba en su dormitorio en su casa, en Florencia. Había estado enfermo 21 . El narrador rememora así lo que Merthin sintió cuando padeció la peste: Lo primero que recordó fue la enfermedad, empezó con un sarpullido, luego le sa- lieron unas manchas de color púrpura oscuro en el pecho, que se extendieron a los brazos y, finalmente, a todo el cuerpo. Al cabo de poco le salió un bulto o pústula en la axila. Empezó a tener fiebre, a sudar en la cama y a enmarañarse en las sábanas por culpa de las vueltas que daba. Vomitó y tosió sangre. Llegó a creer que se moriría. Lo peor de todo fue una sed horrible, insaciable, que hizo que le entraran ganas de tirarse al río Arno con la boca abierta. Vemos como, el enfermo, al curar, describe los signos cutáneos y las manifestaciones ganglio- nares de la peste bubónica. En el relato ocurren hematemesis y hemoptisis. La hematemesis y “el vomito anal” (diarrea hemorrágica) no son típicos de la en- fermedad, pero ocurren con cierta frecuencia. La hemoptisis puede ser explicada como afectación simultánea por peste bubónica y peste neumónica. Continua el autor diciendo: Miles de italianos habían caído enfermos a causa de la peste, decenas de miles. Casi todo el mundo que la contraía moría al cabo de cinco días. Desde luego la epidemia en Italia fue terrible, en la ciudad de Florencia murieron la mitad de sus habitantes. Bien informado, Follet sigue la incidencia de la enfermedad que se propaga de este a oeste. A la vuelta del protagonista, Merthin, desde Italia a su tierra, el au-