Mi primera publicacion ANALES 2018 FINAL FINAL p | Page 74

74 V olumen 55 (2018) Aunque el reservorio animal es el más conocido y comentado, el telúrico es más importante. La bacteria se mantiene durante muchos años en el suelo, viva y activa, donde incluso puede multiplicarse. Los roedores muertos tras una epizoo- tia contaminan la tierra y otros sustratos, esta “reserva” telúrica mantiene el ciclo roedor-pulga-roedor. Existen pues dos posibilidades para la supervivencia del germen. Por el ci- clo clásico roedores-pulgas-roedores, ciclo frágil e inestable, o por conservación en el suelo, donde su mantenimiento es teóricamente ilimitado 5 . Los roedores son infectados por unos vectores imprescindibles para la pro- pagación de la enfermedad, las pulgas de las ratas (Xenopsylla cheopis y Synopsy- llus fonquerniei). La pulga pica a una rata infectada adquiriendo el bacilo, este se multiplica en el intestino del insecto, y será trasmitido a otra rata en la siguiente picadura. Cuando la mortalidad de las ratas enfermas se extiende y se hace muy elevada, los roedores prácticamente desaparecen y la pulga busca nuevos “clien- tes” entre los que se encuentra el hombre (fig. 4). La peste se caracteriza por la rápida instauración de fiebre y otras manifes- taciones sistémicas de infección por bacterias gramnegativas. Si no se trata rápi- damente y de forma adecuada sigue un curso tóxico, dando lugar a shock, fracaso multiorgánico y muerte. El agente puede producir tres cuadros clínicos: peste bubónica -la más fre- cuente-, peste neumónica y peste septicémica. Estas dos últimas formas pueden ser tanto primarias como secundarias en un paciente que sufre previamente peste bubónica, ocurren por diseminación de la enfermedad al aparato respiratorio o al torrente sanguíneo. En cualquiera de sus tipos siempre es una enfermedad aguda, febril y de elevada mortalidad. La peste tiene un periodo de incubación de entre dos y seis días. Pasada la incubación el paciente debuta con escalofríos, fiebre de 38º o más, mialgias, artralgias y cefalea. A las veinticuatro horas aparece ya hipersensibilidad a la palpación y dolor en uno o más ganglios linfáticos regionales. Las primeras ade- nopatías se localizan en un lugar próximo a la picadura de inoculación; frecuen- temente los más implicados son los ganglios inguinales, pues las pulgas pican preferentemente en las piernas. En seguida se afectan otros ganglios, cervicales, axilares o abdominales 6 . El agente Yersinia pestis (fig. 5) está rodeado por una capsula viscosa que evita que sea fagocitado por los macrófagos. Una vez que los bacilos se han introduci- do en el humano tras la picadura de la pulga, se desplazan por el torrente sanguí- neo hasta los ganglios linfáticos, que aumentan de tamaño formando las típicas bubas o bubones (hinchazones ganglionares, de mayor o menor tamaño, repletos de bacterias). Las bubas producen gran dolor, que se acompaña de postración, shock y delirio. En este estado se producen múltiples hemorragias (epistaxis, he-