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V olumen 55 (2018)
Aunque el reservorio animal es el más conocido y comentado, el telúrico es
más importante. La bacteria se mantiene durante muchos años en el suelo, viva y
activa, donde incluso puede multiplicarse. Los roedores muertos tras una epizoo-
tia contaminan la tierra y otros sustratos, esta “reserva” telúrica mantiene el ciclo
roedor-pulga-roedor.
Existen pues dos posibilidades para la supervivencia del germen. Por el ci-
clo clásico roedores-pulgas-roedores, ciclo frágil e inestable, o por conservación
en el suelo, donde su mantenimiento es teóricamente ilimitado 5 .
Los roedores son infectados por unos vectores imprescindibles para la pro-
pagación de la enfermedad, las pulgas de las ratas (Xenopsylla cheopis y Synopsy-
llus fonquerniei). La pulga pica a una rata infectada adquiriendo el bacilo, este se
multiplica en el intestino del insecto, y será trasmitido a otra rata en la siguiente
picadura. Cuando la mortalidad de las ratas enfermas se extiende y se hace muy
elevada, los roedores prácticamente desaparecen y la pulga busca nuevos “clien-
tes” entre los que se encuentra el hombre (fig. 4).
La peste se caracteriza por la rápida instauración de fiebre y otras manifes-
taciones sistémicas de infección por bacterias gramnegativas. Si no se trata rápi-
damente y de forma adecuada sigue un curso tóxico, dando lugar a shock, fracaso
multiorgánico y muerte.
El agente puede producir tres cuadros clínicos: peste bubónica -la más fre-
cuente-, peste neumónica y peste septicémica. Estas dos últimas formas pueden
ser tanto primarias como secundarias en un paciente que sufre previamente peste
bubónica, ocurren por diseminación de la enfermedad al aparato respiratorio o al
torrente sanguíneo. En cualquiera de sus tipos siempre es una enfermedad aguda,
febril y de elevada mortalidad.
La peste tiene un periodo de incubación de entre dos y seis días. Pasada
la incubación el paciente debuta con escalofríos, fiebre de 38º o más, mialgias,
artralgias y cefalea. A las veinticuatro horas aparece ya hipersensibilidad a la
palpación y dolor en uno o más ganglios linfáticos regionales. Las primeras ade-
nopatías se localizan en un lugar próximo a la picadura de inoculación; frecuen-
temente los más implicados son los ganglios inguinales, pues las pulgas pican
preferentemente en las piernas. En seguida se afectan otros ganglios, cervicales,
axilares o abdominales 6 .
El agente Yersinia pestis (fig. 5) está rodeado por una capsula viscosa que evita
que sea fagocitado por los macrófagos. Una vez que los bacilos se han introduci-
do en el humano tras la picadura de la pulga, se desplazan por el torrente sanguí-
neo hasta los ganglios linfáticos, que aumentan de tamaño formando las típicas
bubas o bubones (hinchazones ganglionares, de mayor o menor tamaño, repletos
de bacterias). Las bubas producen gran dolor, que se acompaña de postración,
shock y delirio. En este estado se producen múltiples hemorragias (epistaxis, he-