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plantear nuestras líneas de trabajo siempre en el ámbito de los estudios familiares,
considerando que ello permite analizar y manejar con mayor precisión su evi-
dente heredabilidad, y su diversa correlación genotipo-fenotipo. El objetivo final
siempre persigue la definición de perfiles genéticos de alto riesgo cuyo control
permita instaurar programas de prevención primaria de alta precisión, buscando
llevar a cabo una medicina en el ámbito de la investigación traslacional que re-
sulta clave para esta patología. Grupos multidisciplinares de alta especialización
en esta disciplina y con planteamientos similares, han desarrollado servicios de
atención a familias con obesidad mórbida de alta sofisticación; el Servicio de
endocrinología del Hospital de Addenbrooke´s es un magnífico ejemplo, que ya
tiene algunas iniciativas similares en nuestro país. La enorme ineficacia que han
demostrado los planes de prevención establecidos para el manejo del incremento
de sobrepeso en las sociedades más avanzadas, ha puesto de manifiesto que la
única opción real para esta patología cuya cura es inferior a la del cáncer, es la
prevención primaria. La principal dificultad es el gran número de factores que
influyen en su desarrollo (1) .
Los genes que han demostrado mayor asociación con el exceso de la acu-
mulación de grasa, actúan sobre el control hipotalámico de la saciedad, cuya mu-
tación o alteración citogenética genera una hiperfagia asociada con una ansiedad
manifiesta ante la restricción de comida. Esta realidad resulta mucho más eviden-
te en los individuos que además están afectados de discapacidad intelectual, dado
que están desprovistos de los mecanismos de contención y control que en una
persona obesa suelen tener algún efecto compensador.
Los principales genes descritos hasta el momento como causales de una
obesidad monogénica no sindrómica son LEP, LEPR, POMC, PCSK1, MC4R,
TUB, DYRK1B y CEP19, mientras que los que se han descrito como genes de
obesidad monogénica sindrómica son POU3F2, MRAP2, SH2B1, SIM1, NTRK2
y BDNF.
La alteración de esta ruta funcional y su asociación con el sistema de opiá-
ceos endógenos, ha evidenciado la dificultad del individuo para controlar una
adicción al exceso de alimentación, la imposibilidad de la asistencia clínica ruti-
naria para medir el síntoma de la hiperfagia, así como la ineficacia generalizada
de los tratamientos disponibles para combatir el amplio conjunto de patologías
que se aúnan bajo la entidad de obesidad. El mínimo éxito del diseño de la ma-
yoría de las dietas, basadas en la restricción calórica, no tienen en cuenta las con-
clusiones científicas ya aceptadas respecto a que la activación y control hormonal
mediado inicialmente por la leptina, es esencial para conseguir el efecto ano-
rexígeno generado tras la liberación de oxitocina y la β-oxidación de los ácidos
grasos. A pesar de la gran cantidad de genes implicados en este control hormonal,
solo 8 de cada 100 casos de obesidad es explicado por mutaciones en los genes