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V olumen 55 (2018)
zudamente y trasladado al theatrum anatomicum (12) . Lo monocromático de las
vestimentas se contrasta con los cuellos y puños blancos.
El anatomista se ha encontrado el cuerpo con el antebrazo ya diseccionado,
por lo que solo emplea unas pinzas para impartir su lección y en el primer plano
de la derecha un libro enorme abierto, quizá el famoso tratado de Vesalio De hu-
mani corporis fabrica.
Rembrandt concibe la composición como una diagonal (el cadáver), que
sería el eje, que recorre el cuadro desde el libro hasta el oyente del ángulo su-
pero-izquierdo, sobrecogiendo y dando profundidad al cuadro y siendo el gran
foco de atención debido a su posición y a su brillo (luz que parece que emana
del blanquecino cadáver, confiriéndole mayor dramatismo), que se ha reforzado
por la iluminación directa. Pero los personajes son también fundamentales, tanto
en su distribución como en su expresividad: mirando al cadáver, al profesor o al
espectador. Por ello existe un equilibrio y se le da un extra de importancia a los
individuos de la escena. Si hubiesen estado mirando todos, por ejemplo, hacia
el profesor, su relevancia hubiese sido mínima; sin embargo, gracias a ese juego
de miradas se establece un dinamismo grato y que contrasta con la frialdad del
difunto
Esta línea de movimiento se compensa con la disposición piramidal de los
asistentes, lo que da una sensación clásica de unidad y equilibrio al conjunto. Las
figuras se apiñan en torno al cadáver en vez de en fila, como se solía hacer esto,
así supera a los retratos conmemorativos anteriores, la estructura piramidal aporta
naturalismo y realismo a la escena. Los alumnos se agrupan de forma un poco
alborotada, como queriéndolo ver todo (así los tenemos hoy día). Hay mayor
dinamismo (uno de ellos se inclina para acentuar la acción), diferentes alumnos
mirando a distintos sitios.
Se trata de una construcción imaginaria cuya composición está determinada,
en gran medida, por consideraciones pictóricas.
Ha realizado un grupo con unidad moral y psicológica conservando, no obs-
tante, cada figura su expresión propia (13) . Destaca el realismo de las figuras a
través de sus expresiones, Rembrandt quería representar el movimiento interior
de los personajes, emoción, pensamiento, a través de los gestos (sorpresa, re-
pugnancia, expectación, distracción) en lo cual era un maestro. Estudia el alma
de cada personaje. Son retratos individualizados (la mayor precisión del cuadro
está en los retratos). Cabezas y miradas se dirigen formando una punta hacia los
músculos y tendones mostrados por Tulp. Bueno, todos no, tres de los alumnos
parecen estar más interesados en el público que en la misma lección.
La posición del cadáver es la de tumbado, al estilo de Cristo muerto, con
lividez cadavérica. La cara queda parcialmente en sombra, sugiriendo la umbra