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A nales de la R eal A cademia de M edicina y C irugía de V alladolid
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lente y tres aumentos, utilizado por los vendedores de telas) que da imágenes de
mayor calidad, haciendo trabajos pioneros en microscopía. En 1664, en la Ingla-
terra protestante, Thomas Willis diseca cerebros y afirma que el sistema nervioso
es el asiento del alma (7) .
El mismo Descartes huyó de Francia, estableciéndose en Leyden, Holanda,
para poder tener libertad de pensamiento.
En el siglo XVII, a diferencia del sur de Italia en donde la muerte era un
proceso súbito, en el norte de Europa la separación entre el cuerpo y el alma se
veía como un proceso gradual. Los ajusticiados eran condenados a la disección
porque, precisamente, la práctica anatómica se consideraba un castigo añadido
sobre el cuerpo, todavía portador de una cierta identidad de la persona (3) .
El criminal es, entonces, sometido a la justicia, siendo sujeto de una triple
violencia: médica, corporal y espiritual
LAS OBRAS (y junto al objeto artístico (la obra), la necesidad de una interpretación.
Las Lecciones de Anatomía
Las disecciones públicas, empezaron en las escuelas médicas italianas del
Renacimiento temprano y se habían generalizado en toda Europa a mediados
del siglo XVI (8) En esta época, las lecciones de Anatomía, las disecciones, eran
públicas, se realizaban en Teatros Anatómicos y representaban actos sociales,
verdaderos espectáculos, se cobraba entrada y la misma incluía el derecho a par-
ticipar de un banquete en la corporación de cirujanos. Cada ciudad grande de Ho-
landa estaba autorizada a realizar una disección pública anual, constituyendo un
motivo de orgullo ciudadano. De acuerdo a las leyes sólo se podía usar cadáveres
de criminales ejecutados, suicidados o hijos ilegítimos, muertos unas horas antes,
por eso no eran muy habituales.
Se juntaban entre doscientas y quinientas personas, estudiantes, médicos
o público previo pago, vestido para la ocasión. Había algunas normas, según
ordenanzas de 1605 y 1625, en Ámsterdam, mientras transcurría la disección se
prohibió a la audiencia hablar o reír y solo podían realizar preguntas o comen-
tarios “todas aquellas personas de naturaleza decente y seria”. Duraban aproxi-
madamente tres días y se hacían en invierno, para poder conservar el cuerpo en
óptimas condiciones. De noche, el teatro se iluminaba con velas perfumadas y,
frecuentemente, había música. En la parte más baja del teatro, se instalaba una
mesa giratoria para autopsias y en torno a ella, se levantaban las gradas para los
asistentes, que degustaban vino y dulces mientras disfrutaban del “espectáculo”.
Algunas partes del cuerpo se pasaban entre la audiencia y no debía ser excepcio-
nal que alguien quisiera llevarse alguna pues el gobierno emitió un decreto que
multaba con seis florines a todo el que robara pedazos de los cadáveres en las
disecciones públicas (9) .