Mi primera publicacion ANALES 2018 FINAL FINAL p | Página 452
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V olumen 55 (2018)
En la vida de Pelegrín Martínez Baza se puede apreciar de manera muy elo-
cuente, como las circunstancias externas siempre fueron a remolque de lo que su
“capacidad de amar” le demandaba.
Desde su Valdunquillo natal, se traslada muy temprano a la ciudad de Valla-
dolid para realizar, como alumno interno, los estudios de Bachillerato en el Cole-
gio de San José. Concluido el Bachillerato e iniciados los estudios de Medicina,
pasa a residir en el Colegio Mayor Menéndez y Pelayo.
Este contacto tan prolongado en el tiempo y tan intenso en la forma con la
espiritualidad ignaciana, le marca de manera considerable, y a la larga se conver-
tirá en una de esas circunstancias que incorporadas a su propia intimidad mode-
laran, en gran medida, su personalidad.
Al poco de terminar la carrera ganó por oposición, la plaza de Médico Fo-
rense de Villalón de Campos. Y aunque después, a lo largo de su vida, realizó
otras oposiciones que también ganó, para mi tengo que su verdadera vocación
fue siempre la de Médico Forense. Bastaba con oírle hablar, aunque fuese por un
breve espacio de tiempo de su experiencia profesional, para caer en la cuenta de
que su verdadera pasión era la Medicina Forense.
El actual presidente de los Estados Unidos Donald Trump, afirmaba en cier-
ta ocasión que “sin pasión no tienes energía; sin energía no tienes nada. En el
mundo no hay nada grande que se logre sin pasión”. Y en mi opinión esta frase,
aunque sea de un personaje tan controvertido, encierra una gran verdad pues nos
está indicando que si lo que hacemos nos apasiona, esa pasión nos llevará muy
lejos.
Quizás sea esta la razón que dé cumplida explicación al hecho de que
Pelegrín se dedicase a la docencia y que ocupase la Cátedra de Medicina Legal,
pues tenía un concepto tan alto de esta Disciplina que la definía “como el eje y el
núcleo central del saber médico”.
Le encantaba la docencia y disfrutaba mucho cuando veía que en sus discí-
pulos crecía y tomaba cuerpo esta manera de entender la Medicina Legal.
Por ello no dejaba de repetir a sus alumnos que, en el núcleo mismo de la
Medicina Legal, “está la inquietud por descubrir los misterios de la vida y del
enfermar”, y que esta asignatura era la encargada de mostrar cómo “en la sorpren-
dente tarea del hombre que cura, brilla una fulgurante chispa divina”.
¡Verdaderamente era un docente profundamente enamorado de la materia
que explicaba, y un médico que la ejercía con idéntico apasionamiento!
Y junto a la pasión por la Medicina su entusiasmo por el Derecho, pues am-
bos son saberes que se encargan del estudio y del cuidado del hombre.
La Medicina y el Derecho, bajo el aspecto que ahora estamos contemplando,
se comportan como ciencias complementarias, pues tanto desde un punto de vista