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A nales de la R eal A cademia de M edicina y C irugía de V alladolid
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teleológico, como desde un punto de vista del saber práctico, contribuyen de ma-
nera decisiva a la comprensión y discernimiento del actuar humano.
En efecto, al ser el Derecho el conjunto de normas de carácter general que
se dictan para dirigir la sociedad, y al tener esas normas la finalidad de ordenar
la vida del hombre, se convierte así en un pilar fundamental y básico para que
la convivencia sea más humana y la vida de cada individuo más acorde con su
genuina naturaleza.
¡Nunca como en nuestra época se ha hablado tanto del hombre y de su dig-
nidad! Y, por contraste, nunca como en nuestro tiempo se han pisoteado tanto los
derechos humanos poniendo como excusa un pseudo-progreso científico y social.
Por eso se hace imprescindible y urgente, que la Medicina y el Derecho
caminen juntos. Es importante que las verdades que la Medicina ha alcanzado y
que proclama de manera científica sobre el hombre, como son el inicio de la vida
desde el primer instante de la concepción, el derecho a una correcta y adecua-
da atención médica durante la enfermedad y la obligación de respetar el ocaso
natural de la vida humana, sean reconocidas por el Derecho y recogidas en el
ordenamiento jurídico.
Cuando todas estas enseñanzas se incorporan al íntimo modo de pensar de
una persona, y cuando esa persona se identifica con tal fuerza con ellas que llegan
a hacerse una sola cosa con su manera de actuar, se puede llegar a afirmar lo que
me decía en cierta ocasión, un discípulo del Prof. Martínez Baza: “la Medicina
Legal es el summum y el todo”. Estoy convencido de que Pelegrín hubiese fir-
mado esta frase.
La vida universitaria le atraía con gran fuerza, al igual que también le atraía
la vida del foro. Por esta razón tomaba parte, con idéntica intensidad e idéntico
interés, tanto en las diferentes actividades académicas, como en las obligaciones
dimanadas de su condición de médico vinculado al mundo judicial ¡Con verda-
dera pasión!
Creo no equivocarme si afirmo que, en sus últimos tiempos, una de sus di-
versiones favoritas, y que la practicaba con gran asiduidad, era la de rememorar
y narrar los diferentes avatares y distintas anécdotas que le habían acaecido en
las oposiciones a Cátedra, así como en sus actuaciones ante los Tribunales de
Justicia.
Por todas estas razones se sentía muy honrado y profesionalmente muy
satisfecho, cuando mostraba a sus amigos la Cruz y la Medalla de San Raimundo
de Peñafort, con las que había sido condecorado por el Ministerio de Justicia.
Cuando se intenta el acercamiento a la vida de una persona para tratar de
analizarla, unas veces la tarea resulta fácil y otras veces, por el contrario, la tarea
resulta muy ardua. Pero tanto en un caso como en otro, casi siempre es posible
encontrar vestigios y huellas de los fundamentos en que basaron su existir.