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V olumen 55 (2018)
Vieja Academia sí, pero joven y activa cuando se trata de manejar la expe-
riencia y el saber médico y de exponerlo para conocimiento de sus integrantes y
de aquellos profesionales interesados.
El Dr. Gregorio Marañón describía a una Academia Médica como “Un
organismo joven, de propulsión, de lucha, y no únicamente un Templo donde se
exhiba la iconografía de viejas glorias nacionales”. Nos llama jóvenes y a la vez
viejos. Nos llama luchadores a unos y “glorias nacionales” a otros…
Y tiene razón. Las Academias como los hombres, recogen su historia, su
acontecer biográfico medido por el paso del tiempo, con horas unas veces jubilo-
sas y otras amargas, en las que la “antorcha del saber” pasa de una mano a otra
mano, de una vieja gloria a un joven luchador, pero su llama encendida, rutilante,
resplandeciente como una estrella mantiene el fuego sagrado que se transmite de
Académico viejo a Académico joven, o si se quiere, de Académico desaparecido
a Académico recién ingresado.
Hoy nos toca recordar al Dr. Pelegrin Martínez Baza cuya “antorcha del sa-
ber” ya ha pasado a otra mano, la de su hija Mercedes, quien tuvo la satisfacción
de recibirla poco tiempo antes de la muerte de su padre. Precisamente, hace unos
días, y siguiendo el acontecer biográfico de nuestra Academia, vimos llegar a dos
nuevos miembros (a los que deseamos una larga y fructífera permanencia) y en
uno de aquellos Solemnes Actos de Recepción, escuché a Mercedes lamentarse
de lo que hubiera gustado a su padre verla asistir por primera vez como Académi-
co de Número, a su primera solemnidad corporativa.
Unos Académicos llegan y otros se nos van. Y nosotros, los que fuimos sus
compañeros, pronunciaremos discursos, tristes discursos, con ánimo de consolar,
infructuosamente me temo, a quienes han sufrido la pérdida del ser querido. Tris-
tes discursos…
Que dulce y tiernamente describe el poeta esa tristeza cuando escribe:
“Ha muerto un hombre honrado,
un corazón leal, un buen amigo.
¡Y que esposo perdió la pobre esposa, y que padre sus hijos!..
. ¡Que solo está ese hogar!
¡Como volaron las alas que cubrían ese nido…!” (Rubén Darío)
El Evangelista San Lucas, nos dice que unos días después de la crucifixión
de Jesús de Nazaret en el Gólgota, “Unas mujeres se acercaron a su sepulcro y
encontrando movida la puerta que daba acceso a la cámara funeraria entraron y
no hallaron el cuerpo de Jesús. Y habiendo quedado perplejas por esto, he aquí
que se presentaron a ellas dos varones con vestidos deslumbrantes. Como ellas
se asustaran, ellos les dijeron ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”
Tratando de responder a esta pregunta y extrapolando las situaciones, los
personajes y los tiempos, no quisiéramos que nuestro recordado Pelegrin per-