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A nales de la R eal A cademia de M edicina y C irugía de V alladolid
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en Madrid el número incalculable. En Alcira, Benigánim y demás Pueblos, que
han recibido la Vacuna de aquellos, se propaga con rapidez de día en día. Nues-
tras Gacetas anuncian parte de los correos los éxitos felices de la Vacunación, y
últimamente el Diario en que Vmd dice concluyó su respuesta dice que en esa
Ciudad [Valencia], en mes y medio y por un solo facultativo se han vacunado 174
sin haberse frustrado ninguna operación.
¿Son estos señor Imparcial, los efectos de unos principio ambiguos. Ah ¡.
Las producciones de la imaginación son poco duraderas, y en todo tiempo han
retrasado el nobilísimo Arte de curar.
Las observaciones y tentativas para evidenciar la virtud preservativa de la
Vacuna, las han dirigido unos Profesores, a quienes la Naturaleza, y un estudio
temprano en las Universidades más famosas de Europa, les han dispuesto para
ser dignos hijos de Esculapio, como lo solicitaba el Legislador de la Medicina
Hipocrática, en su Ley, no puede disputársele el talento de observar, y que son
Jueces legítimos en la materia que ha sentenciado. La tercera parte a lo menos
de los vacunados en Inglaterra, ha sufrido todo género de contraprueba, ya con
la inoculación de las viruelas naturales, ya acostándolos con variolosos, sin que
ninguno las haya contraído. Pero este testimonio podría ser sospechoso diría
Vmd por salir de la boca del interés. La Francia competidora de aquella nación
en las luces y la cultura, penetrada de la importancia de esta qüestión, la más
útil de quantas se han presentado al examen de los Médicos en muchos siglos,
mandó establecer en París una Junta o Comisión de Médicos, encargada de hacer
observaciones, y adquirir conocimientos sobre la Vacuna. El Dictamen de esta
célebre Comisión, resultado de observaciones propias, es del más grave peso,
ya por los conocimientos y talentos superiores de sus Miembros, ya porque no
puede tildársele de interés nacional. El primer Informe que dio a la Sociedad de
Medicina de aquella Capital, lleva al frente este epígrafe: “La Vacuna preserva de
las Viruelas”. Escuche Vmd su lenguaje en la pagina 17: “Millares de vacunados
han vivido, y viven en la más íntima comunicación con los variolosos, sin que
ninguno haya contraidotas viruelas, y se puede hacer a los adversarios de la vacu-
na un desafío, el más formal, para que citen hasta el día, un solo hecho auténtico
contrario a esta aserción”. Igual expresión puede repetir todos los Vacunadores de
España. La autoridad, pues, de esta Comisión, y la del Doctor Colon en Francia,
la de Jenner (con que reconocimiento pronuncio este dulce nombre ¡), Pearson
Woodwille en Inglaterra, la de Decarro en Viena, la de Odier en Ginebra, la de
Piguillem y otros Vacunadores en España, no puede destruirse por unos hechos
tan circunstanciados , y de una autoridad semejante.
Mientras yo quedo penetrado de esta Verdad, inspirando la mayor confianza en
mis vacunados, recoja Vmd esas producciones en contrarío, autentíquelas , seguro
que si vienen con este requisito, no las negaremos, que no cerrazón vivamos en una