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cológica, que es más común en mujeres) y la obesidad visceral, en la que la grasa
(tejido adiposo mesentérico) se concentra principalmente en la región abdominal
(forma del cuerpo parecido a la manzana o androide). La obesidad visceral o en
manzana es más común en hombres y tiende a ser más perniciosa en términos de
salud, particularmente produciendo un incremento del riesgo cardiovascular.
Para determinar si y en qué medida alguien es obeso, se han diseñado y de-
sarrollado diferentes métodos, incluida la evaluación basada en la antropometría,
análisis de impedancia bioeléctrica, densitometría y otros métodos basados en
imágenes (7-9) . Como hemos comentado previamente, aunque el índice de masa
corporal (IMC) es una herramienta imprecisa, sigue siendo la más extendida (10)
(tabla 1 y 2)
, aunque puede ser complementada con otras herramientas de valoración.
Este índice de masa corporal puede ser apoyado por la determinación de la cir-
cunferencia de la cintura para discriminar entre obesidad subcutánea y obesidad
visceral (11,12) , mostrando una robusta asociación con el riesgo cardiovascular.
Otros índices también han mostrado su relación con el riesgo cardiovascular, por
ejemplo, la relación de circunferencias cintura-cadera y también la relación cin-
tura-altura. Sin embargo, por razones prácticas, comparabilidad y facilidad para
medir el peso y la altura, el índice de masa corporal aún prevalece como el indi-
cador de adiposidad más utilizado en todo el mundo.
A pesar de que se han utilizado diferentes enfoques y tratamientos en el
individuo con obesidad, como son la aproximación dietética, programas de ac-
tividad física, farmacoterapia y cirugía bariátrica. Sus éxitos a largo plazo han
sido limitados y claramente se deben de intentar potenciar nuevas estrategias de
prevención ante esta patología, que como veremos a continuación, continúa pre-
sentando unas cifras de prevalencia e incidencia alarmantes.
ESTUDIOS EPIDEMIOLOGICOS INTERNACIONALES
En la actualidad, el 39% de la población mundial es obesa o presenta sobre-
peso, a pesar de décadas de esfuerzos para frenar el progreso de esta epidemia
(13)
. Esta prevalencia se traduce en un coste de salud global equivalente a 3 % del
producto interior bruto mundial, o aproximadamente 2 billones de dólares ameri-
canos (14) . Para intentar detener esta epidemia, se han puesto en marcha diferentes
estrategias teniendo en cuenta una base poblacional y un enfoque de prevención.
Por otra parte, las estrategias de salud pública han implementado, impuestos para
reducir el consumo de grasas y de azúcar añadido, y también han implementado
enfoques de nutrición personalizada. Según la OMS, se estima que más de 2.100
millones de adultos tenían sobrepeso u obesidad a nivel mundial en 2014 (13) , de
los cuales 1,5 billones tenían sobrepeso y 640 millones eran obesos. La prevalen-
cia de obesidad estimada estandarizada por edad en 2014 fue del 10,8% entre los
hombres adultos y del 14,9% en mujeres adultas (15) . Estos datos indicarían que