Mi primera publicacion ANALES 2018 FINAL FINAL p | Seite 290

290 V olumen 55 (2018) situaciones, y que generan a menudo insatisfacción, desconfianza, ausencia de empatía e injusto desprestigio del médico y de la profesión. A nuestro juicio, tan solo el buen sentido clínico y la confianza del enfermo en el médico y la institución a la que acude, aminorarán la práctica de la medicina a la defensiva, evitarán el derroche en exploraciones complementarias y reduci- rán el temor ante el riesgo de posibles disensiones futuras. Es que el intercambio, de cuidado por confianza, une mucho al paciente con su médico, porque se desarrolla una interdependencia que, lejos de ser dañina, propicia y potencia el cuidado y promueve la curación. Uno de los problemas más penosos que se plantea a menudo en el ejercicio profesional es el de una persona afectada por una enfermedad incurable, especial- mente, cuando es inevitable una muerte próxima. En estas situaciones el médico debe ser compasivo, paciente y sincero y deberá esforzarse por mantener un halo de esperanza hasta el final. Siempre es difícil dar malas noticias. La comunicación insensible con el interés de “decirlo todo de una sola vez”, la evasiva, falsamente optimista o en- gañosa, con el interés de “proteger” al paciente, por lo general comporta entre otros efectos deletéreos, el riesgo serio de debilitar la credibilidad del médico a largo plazo. No debe decirse al enfermo lo que no es, no debe prometerse lo que no se puede, no debe indicarse lo que resulta fútil, o lo que es demasiado inseguro o gravoso. No es aceptable la mentira piadosa y son, en cambio necesarias las for- mas compasivas de aproximación a la verdad, aunque está aproximación se haga poco a poco, respetando el ritmo que el enfermo necesita. Si hago especial hincapié en este aspecto es por su singular importancia: La mayor parte de los pacientes graves que solicitan ayuda para morir no lo hacen por los dolores físicos, generalmente controlables, sino por el dolor moral de la depresión y la desesperanza. Ya Julián Marías con su esclarecido pensamiento asintió que:” constituye una perversa crueldad despojar de la esperanza a las personas” por contra el bien- venido progreso de la medicina debería amasarse con una buena dosis de medi- cina basada en la comprensión humana del paciente y la afectividad, pues, a fin de cuentas, el médico es un ser humano que ayuda a otro a salir de un delicado trance que es la enfermedad. Por otro lado, es muy gratificante poder reconocer que una de las muchas larguezas de la medicina pública en España, sustentada por todos los ciudadanos como un bien social intocable -aunque mejorable-, es la de poder practicar la equidad social ante la enfermedad, lo que permite, por ejemplo, practicar un tras- plante de órganos a un pobre y solitario marginado social con la misma calidad que a un hombre colmado de bienes.